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POR DÉCADAS, EL DESARROLLO DE Cali se dirigió hacia el sur gracias, entre otras cosas, a la donación que hiciera la familia Garcés Giraldo de un millón de metros cuadrados para la Universidad del Valle.
Indiscutiblemente ese polo jalonó un desplazamiento urbanístico, educativo, comercial, social y residencial que ha significado que exista otra Cali en donde además está la Fundación Clínica Valle del Lili, otro proyecto que afianzó aún más el sector.
Empero, y paralelo a lo anterior, Cali tiene ahora otra mira: el norte. Allí hay dos nuevos íconos que generarán otro desarrollo igualmente significativo. Uno de ellos es el Centro de Eventos Valle del Pacífico, construido en tiempo récord —360 días— en tierras aportadas por Meléndez S. A. y a instancias de la Cámara de Comercio y de Fenalco.
Este gigantesco, funcional y exitoso centro está ubicado en Yumbo, sobre la autopista que lleva al aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, y es el más grande y completo de Colombia, con una utilización garantizada para los próximos dos años.
Y el otro es el nuevo estadio del Deportivo Cali, ubicado en Palmira, sobre la autopista que lleva al norte del Valle. Con una capacidad de 55 mil espectadores, es también el más gigantesco y moderno de Colombia, óptimo no sólo para encuentros futbolísticos, sino también para eventos masivos en razón a que dispone de una tecnología y facilidades nunca antes vistas en nuestro país.
No todo pues en Cali es malo: hay un renacer del civismo en virtud de la gestión de la Unidad de Acción Vallecaucana y los gremios en llave con la Alcaldía y la expectativa de que los 21 megaproyectos le cambien la cara a la ciudad es la apuesta de quienes no deben desconocer que las inmensas urgencias fiscales y la falta de gestión del municipio pueden poner un ingrediente negativo que le reste optimismo a esta ciudad que se niega a perder su alegría y su fe en el porvenir.