Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
LO HEMOS VENIDO ADVIRTIENDO desde hace varios meses: la delicada situación de orden público que padece el departamento del Cauca merece toda la atención del Estado en lo social y en la seguridad, cada vez más vulnerada por toda suerte de delincuencia, paras, narcos, reinsertados y ahora con un nuevo actor: el cartel de Sinaloa.
Por ello no sorprende la incautación en Suárez, Cauca, por parte de la Policía Judicial y Unidades Militares del Gaula de una camioneta cargada con 118 kilos de pentonita y un lanzagranadas RPG, así como la captura de dos presuntos integrantes del frente Che Guevara del Eln.
Aunque el eficiente secretario de Seguridad de Cali, Andrés Villamizar Pachón, dio un oportuno parte de tranquilidad a los habitantes, porque se dijo que ese vehículo tenía como destino perpetrar una acción terrorista en esta ciudad y que aún está por aclararse la destinación de semejante carga explosiva —aseguran que con 38 kilos más que la de la Escuela General Santander, que fue de 80 kilos—, aquí hay un “blanco es, gallina lo pone”.
Y no es que haga mal el diligente funcionario al tratar de apaciguar la angustia y el temor de los caleños —es su deber—, sino que los hechos desafortunadamente son tozudos: semejante cantidad de pentonita en un solo vehículo no iba a ser para volar a Popayán y sus municipios circunvecinos como si fuera una camioneta “lechera” repartiendo unos kilos aquí y otros allá.
¡No! Se trataba de dar otro golpe en una región que está infestada de guerrilla en sus montañas, pueblos y veredas e incluso en los cascos urbanos de los municipios más importantes, con sus adoctrinadas milicias populares que ya están siendo detectadas.
El golpe maestro dado antier por las autoridades, actuando de consuno, evitó una tragedia de inmensas proporciones y vale la pena felicitar a la inteligencia militar, aunque no por ello se deba bajar la guardia. El enemigo no duerme y estamos expuestos a demenciales retaliaciones.