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Como he venido insistiendo no todas son malas noticias las que se generan en Buenaventura.
Aquel que le ofrenda al país $4 billones al año y al que tan sólo se le devuelve el 5% de lo que tributa. Aquel que está esperando los US$400 millones que le prometieron. Aquel que iba a contar con un alto comisionado para manejar su problemática. Aquel que sólo es noticia cuando le vuelan las torres que lo proveen de energía eléctrica.
Sin embargo, nunca la prensa se ocupa de mostrar la otra cara de la moneda en un acto más de equilibro informativo que de perversidad y justicia social. Por ello resulta oportuno destacar aquellas acciones tendientes a mejorar la situación de esta ciudad-puerto.
Ejemplo de ello es la reactivación del Ferrocarril del Pacífico, que ha rodado con mala suerte producto de la falta de apoyo gubernamental, el accionar de la guerrilla y un músculo financiero capaz de afrontar sus ingentes necesidades. Pues todo parece indicar que por fin la conexión por ferrocarril entre la isla de Cascajal y el norte del Valle pronto será una realidad. Aunque el tren de carga está funcionando en la actualidad, le falta reconstruir aún un pequeño tramo para llegar a La Tebaida. Sin embargo, hoy transporta 16.000 toneladas al mes y espera llegar a las 80.000 que alcanzarán el 10% del volumen de carga que se mueve por Buenaventura.
Con una inversión de US$32 millones, la puesta en marcha de cuatro nuevas locomotoras de origen sudafricano, el arreglo de otras ocho que estaban descompuestas y una agresiva campaña de mercadeo para aumentar la clientela, el Ferrocarril del Pacífico, manejado ahora por la filial de una empresa Suiza especializada en el tema, se convierte en una alternativa más eficiente para el transporte de y para Buenaventura.
De esta manera, uno de los problemas que afronta el puerto está teniendo una solución que lo hace cada vez más competitivo, a pesar de las amenazas que, por culpa del narcoterrorismo, no está exento de padecer.