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En defensa de Angelino

Mario Fernando Prado
22 de septiembre de 2011 – 06:00 p. m.

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Y no pasó nada: el presi y su vice se dieron la mano y se abrazaron (sin beso de Judas) tal como era de esperarse. Allá los medios que quisieron atizar una hoguera inexistente en busca de desenlaces fatales.

“Le mic sap a que pal trep” dicen en Popayán y Santos requetesabía, al escoger a su fórmula presidencial, cómo iba a ser el merequetengue con su coequipero Angelino y creo que está a gusto con sus salidas y sus posiciones (que pueden ser las de él y las da a conocer por interpuesta persona).

Por otra parte, en un gobierno unanimista como este, que no tiene oposición de nadie porque en su infinita habilidad el presidente a cada santo le quema una vela, bueno es que las voces de protesta provengan de la misma alcoba y no del cuarto del servicio, la sala, la cocina, el baño o el garaje.

Al fin y al cabo, esas voces contrarias y contestatarias —y necesarias— se acallan más fácilmente cuando el que las profiere come del mismo plato y fue elegido por los mismos votos de su patrón a quien le debe lealtad y eso que llaman guardarle la espalda.

Otra cosa es que, por esas salidas de Angelino, en las cuales no ha dicho una sola mentira, se esté hablando de una candidatura presidencial, lo cual no es improbable, pero sí inoportuno. Falta que pase mucha agua por debajo del puente incluyendo el as de la reelección de Santos, tema que se calentó la pasada semana y que gracias a Angelino, se enfrió en el camino.

Hay que reconocer que tenemos un vicepresidente que agita ideas y no es un manso borrego servil a su amo. Y eso está bien. Conociendo a Angelino es impensable que no patalee, actúe y sobre todo que no hable.

Y está más bien aún que hable y que diga cosas que ponen a pensar al país. Eso le disgustó a los zahaumadores de turno pero le gustó a Juan Pueblo. Por esa razón están molestos los que están haciendo fila y los eternos saurios del besamanos, porque, insisto, ven en Angelino un peligro eminente e inminente, que no demoran en vanamente intentar hacerlo ir, callar o renunciar.

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