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Jara mostró los dientes

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IMPRESIONA LA DENTADURA DE Alan Jara. Increíble que tras tantos años en la manigua comiendo ídem y sin posibilidades de una crema dentífrica, y menos un cepillo, su dentadura permanezca incólume, reluciente, perfecta y casi nueva. Qué blancura, por Dios, que contrasta con su flacura y su rostro enjuto y de color cetrino.

Parece un niño viejo como Brad Pitt en la película que va a ganarse el o los Oscares.

Con más dientes que una pelea de perros, Jara podría ser modelo ya de cualquiera de esos odontólogos especializados en implantes que muestran sus obras maestras y hacen que sus pacientes exhiban verdaderos teclados que ya no de marfil sino de blanquísimas resinas que se advierten postizos y que no “cuadran” en las bocas de sus usufructuarios.

Sin embargo este rasgo episódico del recién liberado —bastante publicitado por cierto— no fue sólo estético y casual. Detrás de esa impoluta dentadura —la mejor de todos los ex secuestrados— se advirtió que no llegó de la selva solamente a resintonizarse con su país y a reencontrarse almibaradamente con su familia.

No señores: Jara regresó mostrando los colmillos para la pelea, así no sea para la guerra. Por el contrario, volvió a luchar por la paz, entiéndase acuerdo humanitario. Y está más agresivo que sus otros compañeros de infortunio, totalmente decidido a ganarse por las urnas la urgente e inaplazable gestión que permita, sin las vías de hecho, que los plagiados vuelvan a la libertad.

La mostrada de los dientes de Jara no fue pues para exhibir la sonrisa Pepsodent o mejor la Colgate. Fue para notificarle al país que va a meterle muela hasta la saciedad a quienes tienen a sus espaldas la decisión de buscar por el camino del diálogo una manera distinta del rescate a sangre y fuego, incluso expresando de manera injusta que el Gobierno nada ha hecho sobre el particular, lo cual constituyó su primera declaratoria de guerra, pero a favor de la paz.

Vendrán miles de entrevistas. Luego el libro que será best seller parroquial y después la lucha política, los votos y las curules. Allí en el Parlamento, Jara liderará el acuerdo ante el Presidente que sea y, si el tiempo se hace muy lejano, moverá todas las fichas, incluyendo las de Piedad para que sus compañeros no se pudran como de hecho está sucediendo.

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