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“Bueno es culantro pero no tanto”, reza el adagio popular que bien puede aplicarse a nuestra generosa hospitalidad con los hermanos venezolanos que están huyendo del régimen criminal del al parecer indestronable Nicolás Maduro.
Lo que en un principio fue un gesto de solidaridad, comprensión y apoyo se ha vuelto una bola de nieve que se está saliendo de las manos. Aunque el Gobierno habla de 400.000 refugiados —para llamarlos de alguna manera—, hay otras voces que expresan que son un millón los venecos que deambulan por nuestro territorio y la cifra crece día tras día.
Los vemos en los semáforos compitiendo con nuestros “pedigüeños”, en donde se enfrentan por unas cuantas monedas. No faltan algunas venezolanas dedicadas a la profesión más antigua del mundo, compitiendo en tarifas y servicios con nuestras meretrices criollas. Ya hubo una pelea de manicuristas porque las de allá cobran la mitad de las de acá por arreglo de las uñas y, claro, hay varios establecimientos que contratan operarios, secretarias, mensajeros, meseros, etc. a menor precio y sin pagar un céntimo de parafiscales.
Además, los tales refugios u hogares de paso son un verdadero caos en donde hasta los pordioseros locales se han infiltrado y ya no hay espacio y menos alimentos para atender la hambruna de miles de sedientos, muchos de la tercera edad y niños en brazos.
Que van camino a Ecuador y Perú, dicen y piden limosna para llegar a la frontera. Pero no hay tal. Estos países, al igual que Panamá y Brasil, no los están dejando entrar tan fácilmente como sucede en nuestro país, que no tiene un control efectivo para evitar estas hordas que llegan sobre todo a los Santanderes y de allí se vienen caminando, sí caminando, hasta el sur de nuestro país.
Y digámoslo de una vez: ya los venezolanos no son tan bien recibidos como en un principio y menos por los habitantes de la calle, los recicladores y quienes viven buscando empleo infructuosamente.
Pero como aquí para que paren bolas se necesitan muertos, habrá que esperar una tragedia para tomar cartas en el asunto. Ya lo verán.