Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La verdadera locomotora de este país la maneja Germán Vargas Lleras. No hay semana en que no se aparezca en cualquier municipio, vereda o corregimiento llevando millones, inaugurando obras, firmando contratos y ganándose la simpatía de la gente del común. Y es que hasta simpático se ha vuelto, conocedor de que este es su cuarto de hora en la antesala de la Presidencia.
Es que eso de manejar el presupuesto de la infraestructura nacional, con una chequera billonaria nunca antes vista, le da unos réditos enormes en figuración y popularidad, y cuando a la gente se le habla con plata en mano, se le regalan casas y se ven las obras, esa es la mejor campaña que puede hacerse.
Claro que el hombre dice que no, que no anda en esas, pero vaya uno a creerle: él sabe que le tiene que tomar la delantera a Sergio Fajardo, que podría ser su máximo contendor. Por eso se mueve y remueve la vieja política que reza que por “sus obras los conoceréis”.
Y eso es lo que está haciendo de manera imparable. El presidente, envainado entre otras muchas cosas con el proceso de paz, los paros camioneros, la división del Cauca y el día a día en Palacio, le delegó la joya de la corona y le entregó la chequera con más ceros a la derecha del país en un acto de confianza, sí, pero de apoyo a su sucesión presidencial, también.
Prueba de lo anterior son las encuestas que le dan a Vargas Lleras un nivel de conocimiento y aceptación que lo coloca en primera fila en el partidor y con un porcentaje de rechazo que ya se quisieran los demás.
Así las cosas, y con esa locomotora a todo vapor, el vicepresidente de los colombianos es un verdadero prepresidente que está en campaña, así —repito— diga que no. Y como es obsesivo compulsivo, no hay quien lo detenga, ni siquiera las zancadillas de sus enemigos, que son bien poderosos pero no se atreven a moverle el solio de Bolívar, diré, la silla vicepresidencial.