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El palo en la rueda para la terminación de la doble calzada a Buenaventura se llama Rosa Emilia Solís Grueso, más conocida como Rosita.
Considerada como un “dolor de cabeza” para los funcionarios de la ANLA, Rosita se vive atravesando como mula muerta en la obra de ampliación de la vía, defendiendo supuestamente los asentamientos de las comunidades afrodescendientes ubicados a lado y lado de la vía, para quienes reclama milmillonarias indemnizaciones.
Se dice que en un solo mes la espinosa Rosita logró que se construyeran 300 cambuches en un tramo, por los que exige $32 millones para cada uno, siendo que la obra en ese trayecto sólo cuesta 15.000. Así las cosas, el empantanamiento de la doble calzada, por más caja que le vaya a inyectar el gobierno central como resultado del foro de la semana pasada en que se le exigió menos anuncios y más realidades, tiene sobrecostos e incrementos como este, casi imposibles de superar.
Un líder palenquero del puerto expresó a Semana que “para las comunidades negras, Rosita es un factor negativo y divisorio”, frase que resume la actitud de quien es considerada la mujer más poderosa del Pacífico.
Pero allí no paran las posiciones de Rosa Solís. Se afirma que la imposibilidad hasta el momento de ampliar el aeropuerto de Buenaventura es de su resorte y que las demoras en el arranque del puerto Agua Dulce, el corredor férreo y la construcción de la red alterna de energía para evitar hasta cierto punto las voladuras de las torres se deben a que las consultas previas con las comunidades que lidera están en el limbo.
Es así como esta mujer que se precia de defensora de las comunidades afrocolombianas tiene en vilo muchas obras e iniciativas del bello puerto del mar, en donde las opiniones acerca de su gestión están divididas. Se le quiere o se le odia, expresó un dirigente bonaverense que se negó a dar su nombre por razones de seguridad…