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Las Farc, ¿aliadas contra las drogas?

Mario Fernando Prado
27 de septiembre de 2012 – 06:00 p. m.

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Buena jugada la del presidente Santos al invitar a las Farc a que se conviertan en aliadas del Gobierno en su lucha contra las drogas. Y el escenario no pudo ser mejor: aprovechando su reunión con el filántropo multimillonario George Soros, soltó semejante perla con una indiscutible doble intención, muy propia de él.

Y claro, dejó al descubierto la doble moral de la narcoguerrilla, que por una parte se soslaya de querer la paz, negando que tenga algo que ver con el tráfico de drogas, y por la otra siembra, cosecha, procesa y exporta la coca —entre otras—, directamente o a través de la figura de la tercerización que tanto crítica y sin embargo práctica.

Que el grupo guerrillero se ponga de este lado para combatir el negocio que le da su sustento es un imposible práctico: sostener ese ejército irregular, por más menguado que esté, no puede financiarse ni con vacunas y extorsiones ni menos con secuestros. Habría que preguntarles a los cabecillas de la insurgencia de dónde sacan tantos millones para sostenerse y la respuesta sería otra mentira más, como por ejemplo ayudas de la población civil y otras inverosimilitudes.

Si la guerrilla insiste en que nada tiene que ver con el narcotráfico, pues que ayude a combatirlo y por eso el convite de Santos en el marco de la asamblea de la ONU. Ello le permitirá desenmascarar sin querer queriendo —como es su estilo— y ante los ojos del mundo, a unos interlocutores mentirosos con los que resulta un verdadero albur negociar y esta pisada de manguera pone a las Farc en calzas prietas.

La anterior es una de las tantas dificultades que tendrá este proceso, incluso antes de sentarse a negociar en Oslo, por cuanto las condiciones que están poniendo los guerrillos son francamente incumplibles en su gran mayoría.

¿Que responderán las Farc? ¿Pisarán la cascarita? ¿Se harán los gringos? Lo más seguro es que no se pronuncien sobre el particular y desvíen el tema hacia las nebulosas de sus discursos trasnochados culpando, cómo no, al Tío Sam por tener el mercado y los consumidores.

Empero, quedará flotando en el ambiente la susodicha propuesta y el silencio o las evasivas del mayor narcotraficante del mundo: aquel con el queremos hacer la paz…

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