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Se comenta en los altos círculos del Gobierno, pero no se sostiene. Hay rumor entre los militares, pero lo niegan. Juan Pueblo lo sabe, pero no lo dice.
Lo cierto es que hay un rumor que a tenor de los hechos es imposible desvirtuar: El objetivo de las Farc es ahora Cali, ciudad que viene siendo amenazada desde hace varios años y que gracias a las acciones de la Policía y el Ejército ha logrado evitar unas nuevas andanadas, así la voladura del Palacio de Justicia aún no haya sido reparada y los jueces estén despachando desde los baños de los cuartos del servicio de las docenas de “apartacuchos” que se han debido alquilar.
El sexto frente de las Farc tiene dominado, sí, dominado el norte del Cauca, apreciado señor ministro de Defensa. Y lo tiene acorralado y amedrentado defendiendo el corredor para sacar la coca y por ello es que permanentemente distrae (!) a la Fuerza Pública con los golpes cobardes y criminales en Miranda, Corinto, Caloto y ahora en las goteras de Tuluá, entre otros, para lograr tener despejado el camino.
Pero la mira es Cali y, por si no lo saben, los combates se están dando a menos de 40 kilómetros en línea recta del perímetro urbano de una ciudad que como pocas ha padecido en sus entrañas el fragor fratricida de la guerra.
Esa guerrilla que le está respirando en la nuca a la sucursal del cielo (!) ha motivado acciones de inteligencia y preventivas con el mayor sigilo para que no cunda el pánico. Sin embargo, así como no puede taparse el sol con un dedo, tampoco se puede optar por la política del avestruz y decir que no hay extraños y sospechosos movimientos enfocados al terrorismo.
Así las cosas, mientras los ojos están puestos en la vergonzosa experiencia del Caguán —“al perro no lo capan dos veces”—, el orden público en el Cauca, lejos de mejorar, crece y se empeora peligrosa, trágica y ojalá que no irremediablemente.
¿Podrán conjurar esta situación los 4.000 efectivos que dijeron van a reforzar el pie de fuerza en esta región nortecaucana? Ojalá así fuera, porque el alto gobierno requetesabe —y el Ejercito también— que Cali es un bocatto di cardinale al que las Farc le tienen hambre desde hace mucho tiempo.