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Un tiquete aéreo de Santiago de Chile a San Andrés cuesta un millón de pesos y uno Cali-San Andrés, $900.000.
El pescado que se consume en los hoteles de la isla lo llevan desde Bogotá, porque allí la pesca se acabó. El subsidio del $1’600.000 pesos mensuales para cada pescador hizo que suspendieran su actividad, dedicándose a la locha y la trasnocha.Hoy, y ya sin subsidio, están dedicados al domino y al consumo excesivo de bebidas alcohólicas.
Ah, y ante el anuncio de ese maná, maleteros, taxistas, meseros y porteros se volvieron pescadores, engañando al Gobierno que con la mejor intención decretó esta ayuda ante la situación limítrofe con Nicaragua.
Centenares de colombianos buscaron paraísos perdidos en Brasil la pasada temporada vacacional, aprovechando unos supuestos precios más bajos y descartando el mar de los siete colores. Pero a su vez, centenares de brasileros vinieron a la isla gracias a una promoción especial que atrajo un turismo gastador que quedó fascinado.
Estas son algunas de las paradojas sanandresanas, de una isla que están abandonando de manera injusta y desagradecida algunos connacionales.
San Andrés debe volverse más competitivo y, como vive de y para el turismo, urge que los nativos se conciencien de la necesidad de mejorar el servicio dejando atrás la modorra que les ha caracterizado. En eso el Ministerio de Turismo tiene una inaplazable labor por hacer.
Además, es preciso modernizar la infraestructura isleña —aeropuerto, vías, servicios públicos, hospitales, entre otros— y erradicar los problemas de seguridad que están dañando su imagen, así el fantasma de que es escala del narcotráfico sea un flagelo de marca mayor.
Todo lo anterior podría lograrse si la corrupción y la politiquería no anduvieran de la mano haciendo de las suyas. Hay que lograr que los colombianos vuelvan a San Andrés. ¿Por dónde empezamos?