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EL NUEVO REY DEL MERCADO, DE LA oferta y la demanda, del comprar o no comprar, se llama precio. Los colombianos por fin aprendimos lo que en muchos otros países desarrollados (?) tienen como norma: primero el precio, segundo el precio y tercero el precio.
Si eso ya es así, antes del TLC y la invasión china, ¿se imaginan cómo será el asunto cuando la polución de los bajos precios nos quiebre y nos requetecontraquiebre?
El estudio elaborado por Fenalco habla de ropa y calzado: adiós logos y marquillas. Al diablo publicidades aspiracionales. No más arribismos de marca, lo que le importa ahora al consumidor es lo que tiene que sacar del bolsillo. La parada la manda don dinero, ah, y si viene acompañado de calidad, no hay nada que hacer.
Por años los colombianos le comimos cuento a “lo extranjero”. Prendas y zapatos europeos fueron lo no-va- más. Pero cuando supimos que lo francés lo hacen en Taiwán, lo inglés en China y lo gringo en las zonas francas de nuestras ciudades, comenzó el desencanto.
Fue entonces cuando aparecieron —por ejemplo— los Mario Hernández o los Arturo Calle ofreciendo ante todo precio y logrando desplazar las prendas y accesorios de marca.
Mas allí no para la cosa: el turismo cayó también en el carrusel de las gangas, los descuentos, los pague uno y lleve dos y los famosos “combos” y los destinos se anuncian con el gancho del signo pesos. Se sumaron los vehículos, que andan en una guerra del centavo que está asfixiando a ensambladoras y concesionarios. Y ahora le ha llegado el turno a la propiedad raíz. El comprador está dejando a un lado funcionalidad y acabados, incluso la ubicación —uno de los mandamientos básicos de la actividad inmobiliaria—, por el valor del metro cuadrado.
Es entonces el momento para que las ligas de consumidores, que tanto cacarean su actividad, vigilen que, a la par con los precios bajos, se garantice la calidad porque aquí si que cabe el refrán “Lo barato sale caro”.