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El 3 de febrero de 2012 escribí una columna titulada “¿Pedir perdón?”, en la que me refería al fallo del Tribunal Superior de Bogotá condenando a 30 años de prisión al coronel Alfonso Plazas Vega, en el que se solicita a la Corte Internacional estudiar la posibilidad de investigar al expresidente Belisario Betancur y se le ordena al Ejército pedir perdón por la acción militar en el Palacio de Justicia.
Debo admitir que esa columna la escribí de manera subjetiva y creyendo expresar los sentimientos de la mayoría de los colombianos, que no entendíamos por qué el Ejercito debía pedir perdón a unos criminales.
Y el recuerdo de ese sentimiento de estupor que nos invadió, insisto, a la mayoría de los colombianos, cuando vimos la tanqueta
que entraba al Palacio de Justicia para rescatar a los magistrados, cumpliendo —con algunos excesos— la orden del jefe supremo del Ejército, el entonces presidente Belisario Betancur, es el que me llevó a escribir con dolor sobre el fallo proferido por el Tribunal,las líneas que ocasionaronque los magistrados hayan interpuesto contra mí una denuncia penal por infamia y calumnia.
Sobre el particular quiero expresar que no conozco a ninguno de los magistrados ofendidos, que entiendo que el fallo emitido por
ellos fue producto de un proceso y de las pruebas que recogieron durante varios años de investigación en un expediente que tampoco conozco y que si bien comociudadano debo acatar sus determinaciones, me asiste la libertad constitucional para discrepar, con todo el respeto, de sus conclusiones.
Por eso hoy 2 de mayo de 2014, soy yo el que en calidad de rectificación ofrece disculpas a quienes se sintieron calumniados
por mis palabras, que sólo pretendían reivindicar los actos de quienes, en mi opinión,estaban obrando dentro del marco legal, pero
sobre lo cual también puedo haberme equivocado y herido la sensibilidad de los magistrados que fallaron de acuerdo al acerbo probatorio que les fue llegado.