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Hace una semana se realizó un acto que pasó desapercibido. Como no fue el estallido de una bomba o la voladura de un puesto de Policía o una torre de energía, como no hubo muertos ni heridos, no tuvo mayor registro noticioso.
Se trató de una donación hecha por la multinacional colombiana Carvajal a la Universidad del Valle, de un lote de 60.000 m², con su respectiva construcción de 22.000 m², ubicado en Santander de Quilichao, municipio ubicado al norte del Cauca y limítrofe con el Valle también del Cauca.
Este aporte permitirá que una muchachada compuesta por más de mil estudiantes tenga acceso a la universidad —y qué universidad— en un esfuerzo millonario de estas dos entidades bandera del Valle del Cauca, que han comprendido que su vecino, el Cauca, debe recibir estímulos y oportunidades como el que nos ocupa.
Esta es una forma de hacer la paz y un modelo para que se consoliden sinergias entre la llamada responsabilidad social empresarial y los centros educativos, con proyectos a los que se suman los gobiernos centrales y regionales, aunando esfuerzos en favor de la educación.
Aparte de las mesas de diálogo, de tantas promesas incumplidas de parte y parte, del inmediatismo de las fotos y el sensacionalismo que nos corroe, la nueva sede de Univalle en tierras quilichagüeñas será un valioso aporte interdepartamental que, con el concurso de otras entidades públicas y privadas, les significará progreso y desarrollo a más de once municipios circunvecinos y le cerrará el paso a la carencia de oportunidades —léase, de educación— a miles de muchachos que podrán cambiar los fusiles por los libros.
Bien por la Universidad del Valle. Bien por Carvajal S.A., y ojalá y sin tanto blablablá este arquetipo cunda como respuesta a quienes proclaman que la indiferencia es el caldo de cultivo de la revolución.
Hay muchas empresas que tienen lotes y edificios durmiendo el sueño de los justos pero que perfectamente podrían convertirse en aulas de clases, y hay docenas de universidades de podrían expandir sus programas a lugares que reclaman oportunidades. ¿Por qué no seguir este ejemplo?