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Y el Estado, ¿dónde estaba?

Mario Fernando Prado
13 de noviembre de 2008 – 08:43 p. m.

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MIENTRAS QUE HACÍAMOS VERSOS, nos corrían las cercas. Creo recordar esta frase alusiva a nuestra condición contemplativa de quedarnos dormidos y aplazar decisiones y acciones. Así sucedió con nuestras invadidas fronteras patrias.

Algo similar ha sucedido con las pirámides que pagaban intereses hasta del 70% mensual y lógico, se desmoronaron. Mientras que buscábamos las leyes o las hacíamos o nos atemorizaban las leguleyadas, unos grupos de lavadores montaron en nuestras narices una captación masiva de dinero en docenas de ciudades colombianas, muchas de ellas cerca de las estaciones de la mismísima Policía.

Las autoridades, informadas de este hecho —que creíamos era un delito— nada hicieron y dejaron crecer el enano. Los medios como siempre alertaron a los incautos y al Estado. De nada sirvió. Incluso una de las más grandes captadoras contrató a un bacalao jurídico para que la protegiera y poder continuar con su actividad delictiva.

Entre tanto el Estado, inmerso en reelecciones y antireelecciones, en marchas y contramarchas y en pro Telecés y contra Telecés no tuvo capacidad de respuesta operativa y como en el cuento, le corrieron la cerca.

Y eso que somos un país de leyes. ¿Dónde quedó el santanderismo que tantas veces nos ha salvado?

¿Dónde estaban esos grandes jurisconsultos y esos epónimos parlamentarios que por cosas de menor cuantía que la que nos ocupa ponían a temblar al Ejecutivo?

En este tan vergonzoso como bochornoso espectáculo de miles y miles de gente estafada, brilló por su ausencia el Estado que con su silencio y tolerancia permitió y hasta auspició la estafa global más grande que recuerde Colombia: dos billones andan embolatados y eso que faltan datos de otros municipios.

Los banqueros depredadores terminaron en la cárcel y sus bienes incautados. Los estafadores de las pirámides se volaron y no tienen sino un par de sillas, dos teléfonos y un fax.

Aquí como en los casos judiciales en que la Policía llega de última, las medidas represivas llegaron cuando todo estaba consumado y consumido. Bien lo dijo el poeta: Todo nos llega tarde… hasta la muerte.

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