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¿Y nuestros mineros qué?

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TRAS LA EPOPEYA DEL RESCATE DE los 33 mineros chilenos, el champú de Piñera y el oso de Evo Morales, a quien le salió caro su oportunismo, vale la pena reflexionar en torno a la situación de los mineros colombianos.

Son incontables las víctimas de esta actividad en nuestro país. La falta de una reglamentación que los proteja, la ausencia de políticas claras del Estado en el sector minero y el abuso con quienes deben laborar en circunstancias suicidas deberían estar en la agenda de un ministerio que ha pasado de agache ante la condescendencia de presidentes y parlamentarios, más preocupados en la explotación de las canteras que en la explotación a sus conciudadanos.

No hay mes en que la improvisación en los socavones no cobre vidas en anónimos esclavos que ya en vida están muertos. Y ante estos hechos, los medios y la comunidad hacen de la indiferencia la mejor prueba de su insensibilidad.

Para citar un solo ejemplo, lo sucedido en la mina de oro de Zaragoza es prueba inequívoca de la miopía oficial: Bien, pero bien tarde, se están tomando medidas para prohibir esta explotación, que además ya ha envenenado miles de peces con mercurio. Por otra parte, llegaron a estar en el lecho del río Dagua 400 retroexcavadoras, más las guarniciones consiguientes, y los dueños no eran o son propiamente los 7.000 mineros que laboraban de sol a sol.

Semejante millonaria inversión provenía de grandes capos, rentistas de capital e incluso multimillonarios que hicieron su agosto y llegaron a ganar tanto dinero que no pocos dejaron abandonada tan costosa maquinaria.

Y el problema no es sólo ecológico y de transporte, porque se sabe que están en peligro las vías carreteables y las férreas, que no demoran en desmoronarse. Hay también un problema social de estómago en cabeza de los mineros que hoy no tienen para dónde pegar.

¿Qué controles hubo en estos dos años? Y ahora que la explotación ha pasado a otros ríos, ¿qué vigilancia existe? Ninguna. Por andar buscando los peces gordos, se dejó íngrimos a quienes les ayudaron a llenar sus arcas y hoy se quedaron sin la soga y sin la ternera.

Definitivamente, todo nos llega tarde, hasta la muerte.

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