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“El señor de los libros”

Mario Méndez
22 de diciembre de 2015 – 03:50 p. m.

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Hace dos años supe de José Alberto Sandoval, el cincuentón que tiene una fantástica y envidiable obsesión.

El germen de su bella chifladura está en sus primeros años, cuando en la sencilla vivienda familiar su mamá leía para él y sus hermanos las historias de caperucitas, gatos y gallinas que aún pueblan su cabeza. Luego, desde su trabajo de conductor de un camión de basuras en Bogotá, viene acumulando cientos, miles de libros en buen estado que algunos dejan como desperdicio y él aprovecha para llevar a su casa-biblioteca, donde acuden los vecinos y muchos no tan vecinos, pues su labor trasciende día a día. José Alberto es feliz con esta labor de peculiar librero, cuya labor lo ha llevado a México y Chile para explicar su proyecto de vida.

Esta experiencia se relaciona estrechamente con la pequeña idea que surgió a raíz de un mail que recibí de Dora Hedid Hernández Leguizamón, entusiasta profesora de la Institución Educativa de Suse, en una vereda de Aquitania (Boyacá), quien me comentaba que con sus alumnos de 11 hace el ejercicio de resolver los crucigramas que publico en este diario. Esa primera comunicación se tradujo en una visita que ocho miembros del Taller de Escritores Gabriel García Márquez, de la Universidad Autónoma de Colombia, hicimos al colegio, donde hablamos de varios temas que interesaron profundamente a los muchachos. De regreso en Bogotá, con el entusiasmo fresco, en el colectivo del Taller analizamos varias formas de posible ayuda no pedida a ese centro educativo, concluyendo que enviaremos una buena cantidad de libros para enriquecer la biblioteca de Suse, propósito al cual ya se han sumado algunos amigos y autores.

Ejemplos como el de Sandoval y su sana testarudez, y el que se encuentra en cierne en nuestro taller de escritores, son replicables y contribuyen a mantener el culto al libro, que, a pesar de los efectos de los medios virtuales, continúa siendo un objeto alrededor del cual se desarrolla el gusto por la lectura, con todos los predecibles efectos en el desarrollo personal y social, en un país que pudiera estar a punto de despegar hacia niveles que permitan hacer de Colombia una realidad menos dura que esta que hemos vivido.

Ahora recordamos otro caso ejemplar: el de la distribución de libros a lomo de jumento, en la costa atlántica, gracias también a la iniciativa de una persona sencilla, casi anónima, que va por caminos y veredas con su cuadrúpedo y cuyo sistema de entrega de lectura se conoce como Biblioburro.

Quizás haya otros casos de gente obcecada con la idea de que los niños lean y vayan trazándose un futuro menos incierto que el panorama propio de un país más interesado en oropeles y resultados inmediatos y fáciles, e ilícitos incluso, que en construir ciudadanía y vislumbrar una Colombia coherente con sus recursos naturales y la privilegiada posición geográfica que tenemos y no sabemos aprovechar. Basta con ver Magia salvaje, la película que nos muestra lo que, estando frente a nuestros ojos, revela el inconmensurable potencial que debemos cuidar y utilizar de modo sensato, en beneficio de la sociedad que pudiéramos ser.

Que otras ideas se presenten para darle un curso justo a todo lo que propenda por estimular la lectura, asunto que se ubica dentro del cuadro soñado de un país que mire hacia las estrellas y no hacia sus zapatos. ¡Y que José Alberto Sandoval se multiplique con ese hermoso toque de locura!

* Sociólogo de la Universidad Nacional.

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