La tristeza de Llinás Riascos

Mario Méndez
03 de mayo de 2018 – 11:05 p. m.

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El neurocientífico llegó a la Feria del Libro en medio de vítores, como si se tratara de un “rock star”, según observación del periodista Pablo Correa, autor de Rodolfo Llinás, la pregunta difícil, sobre la vida del bogotano más destacado que tenemos para mostrar. Fue emocionante ver y sentir la actitud de tantos jóvenes que lo esperaban en la sala José Asunción Silva.

Quienes no cupimos en ese atiborrado espacio tuvimos la oportunidad de apreciar el acto en una sala contigua, que lo transmitía por circuito cerrado de televisión. Siempre resulta fascinante escuchar a este hombre de mirada, mente y ojos inquietos, explicando de modo sencillo los más grandes problemas, al responder las más agudas preguntas que plantean sus interlocutores. Sin falta aparecen los recuerdos nítidos del abuelo que lo encamina desde temprano por las trochas del conocimiento que habría de recorrer: academias, universidades y laboratorios, uno de los cuales, en Nueva York, Llinás deja ahora parcialmente en manos de su compatriota Hernán Moreno, epígono suyo que también busca la cura del alzhéimer.

Dentro del cuestionario que Correa desarrolló frente a Llinás, está una pregunta que toca la sensibilidad del científico, acerca de lo que se haya podido hacer en el campo de la educación en Colombia a partir del documento que los llamados “sabios” dejaron en manos del Gobierno, luego de su convocatoria por el presidente César Gaviria Trujillo. ¿Qué pasó? No sabemos.

Alguien habrá de responder qué se pudo materializar a partir de las conclusiones o en qué gaveta burocrática descansan las recomendaciones para que el país supere un esquema pedagógico que, salvo iniciativas individuales o sectoriales, hasta ahora se orienta por un modelo que carga con el memorismo, y poco o nada con la reflexión y la exploración del niño en el mundo que lo rodea y que pronto aquel tendrá que enfrentar. Ante Pablo Correa y el auditorio, Llinás manifestó que sentía mucha tristeza por lo que bien pudiera hacerse y no se hace, añadiendo sus preocupaciones sobre la clase de país que se puede construir o no desde la indiferencia oficial.

Después de la presentación de Llinás en la Filbo, se han conocido algunas declaraciones del neurocientífico sobre su vida futura. Al parecer, lejos de las aulas y los laboratorios que han sido su escenario, piensa contribuir en la aplicación de sus ideas pedagógicas en los procesos de enseñanza-aprendizaje, y tenemos la certidumbre de que se hará escuchar en Colombia. Este compromiso de Llinás consigo mismo —porque es parte de sus inquietudes vocacionales— debiera despertar un entusiasmo tal que le llegue a nuestro compatriota perilustre, de suerte que él encuentre un terreno propicio para que el país avance por un camino de muchos años, pues los proyectos de hondura como la educación bien proyectada demandan tiempo para su plena consolidación. No es un asunto inmediatista, sino muy comprometedor con el futuro nacional.

Tris más. El vocablo “permaneciente”, buena ocurrencia del escritor cubano Leonardo Padura, debiera incorporarse al diccionario.

* Sociólogo, Universidad Nacional.

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