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Los políticos suelen ser serios, mientras los politiqueros hacen alarde de innumerables recursos limífrotes con la distracción. Cabe hacer una distinción entre divertirse, es decir, desarrollar actividades que rompan con la cotidianidad, de modo que el individuo descanse y se reacomode para estar en condiciones de seguir viviendo en medio de sus deberes y sus apuros. Otra cosa es distraerse o, lo que resulta peor y bastante insultante: dejarse distraer.
Esto ocurre hoy con la fanfarronería de proponer cambios en la duración del período presidencial y eliminar la Vicepresidencia, idea ésta última que pudiera ser razonable, al margen de lo sustancial que deseamos exponer. ¿Por qué ubicamos este tipo de propuestas en el ámbito del malabarismo politiquero (no dije “político”)? Porque, dentro del afán del establecimiento por mantenerse a flote, se torna necesario ofrecerles algo “nuevo” a los asistentes al circo, además de distraerlo de los grandes problemas sociales que agobian a la mayoría de los ciudadanos.
¿Por qué no se enfoca la acción de la fauna politiquera a superar la tremenda situación que viven los sectores minoritarios? Porque los partidos colombianos dominantes son muy atrasados en su visión de país. Es inconcebible que se insista en un sistema intocado cuya acción no pasa de retocar lo imperante, sin modificar y menos cambiar los elementos que explican la inercia estatal sobre la población que padece tantas necesidades, lo cual configura un estado de cosas muy explosivo.
¿Por qué tanto miedo de modificar la estructura del Estado, cuando de sus características depende el bienestar general? ¿Acaso hay algo eterno en el seno de la sociedad como para que en lo sustantivo se busque que todo siga igual y se insista en aplicar medidas paliativas y engañosas? ¿Por qué desconocer que lo fundamental de la política (ahí sí la política) es la buena administración del Estado para beneficio colectivo? Es obvio que una respuesta apropiada exige desentrañar muchas verdades que no caben aquí.
Aunque no debemos creer en seres providenciales, es oportuno señalar que nuestra realidad permite ver una tremenda ausencia de hombres y mujeres de las condiciones que cada día se hacen más necesarias, indispensables, entre quienes se dedican a la cosa pública, en tanto que abundan los personajes de pacotilla cuya mirada sobre Colombia no pasa de límites veredales.
Preocúpense los legisladores por lo que ocurre, crecientemente más grave, y asuman conciencia sobre su responsabilidad histórica frente a 50 millones de seres, además de quienes nos miran desde otros espacios geográficos. Es imperioso romper los desequilibrios ofensivos, injustos y acusadores en sí mismos que en la actualidad son motivo de análisis en la esfera internacional. Y no se siga pensando y mirando las cosas sin pasar de la longitud de la nariz.
Corolario. Perdonen mis palabras aquellos que tienen claro el asunto de lo social y saben lo que se debe hacer pero no tienen la fuerza necesaria para hacer algo en favor del país. Ojo: del país.
* Sociólogo Universidad Nacional.