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El escarabajo boyacense siempre llama la atención por ciertas particularidades suyas al expresarse y opinar sobre su vida y su trayectoria deportiva.
Al escucharlo, es fácil deducir los positivos efectos de una educación sencilla, con la dicción cuidadosa de Nairo y sus conceptos sobre la existencia humana que lo convierten en modelo para sus pares en el ciclismo y para sus devotos. Las opiniones que suelta ante la prensa no se limitan a la actividad del pedaleo y por lo mismo cae bien mi paisano, sin duda un paradigma que, sin proponérselo, desempeña un papel positivo como personaje público.
Llama la atención entonces el caso de un deportista que en lo personal es coherente con los valores recibidos a través del ejemplo vivo de Luis y Eloísa, sus padres y luchadores en la construcción de su familia, y que hace razonamientos en contravía de lo que abunda en nuestro medio social y político. Le escuchamos recientemente a Nairo las frases de un hombre maduro, seguro y orgulloso de ser lo que es. Ante las observaciones encomiásticas de un periodista, el subcampeón del Giro de Italia decía que “cuando se obra honradamente en la vida, llegan cosas buenas en lo personal y lo deportivo”, y ahí es cuando se entiende que Nairo sea un líder en los grupos donde actúa, y que sus apreciaciones en los entrenamientos se tomen en cuenta por sus entrenadores y sus compañeros.
Para quienes se preocupan por las cosas malucas que ocurren en el país, es inevitable remitirse a un caso como el de Nairo, muy alentador porque contrasta con la áspera realidad que nos golpea cuando asoma en los medios de comunicación del mediodía, con un soborno aquí, las torcidas que ya hacen parte del mapa moral de Colombia, los peculados de más allá; las flaquezas nada leves de funcionarios, magistrados, jefazos y jefezuelos que parecen no acabar de exprimir cualquier cosa que dé jugo… y siguen haciendo alarde de su honestidad y su rectitud de pacotilla, ayudados por abogados bien pagados para que “limpien” al acusado o maquillen las feúras de sus clientes.
Bien haría Nairo en visitar escuelas y colegios de su departamento y otras latitudes para que converse con los muchachos. Hoy quizá sus actividades no se lo permitan a plenitud, pero, pensando en el tiempo del retiro, este boyacense de cara dulce y dura a la vez pudiera ser un modelo de pedagogía formal, sencilla, que consiga sembrar la idea de que, así como “ser pilo paga”, también ser bueno paga, aprovechando su prestigio y la admiración que va dejando a su paso.
Entre muchos otros, hay un ejemplo de lo provechosa que puede ser la popularidad. Óscar Córdoba ofrece charlas sobre liderazgo y creo que precisamente la vida personal de un deportista puede ser útil con la llegada de los años de reflexión de lo que vivió, superándose en las canchas, en los gimnasios, en la práctica diaria, y cuya proyección toca a quienes están en proceso de formación, en una perspectiva de país complementaria de los esfuerzos institucionales.
* Sociólogo de la Universidad Nacional.