Publicidad

De pararrayos y majaderos

Mario Morales
21 de junio de 2009 – 09:38 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

LAS IRAS DE ESTA SEMANA demuestran que fracasaron quienes como José Obdulio Gaviria trastearon los pararrayos lejos de la “Casa de Nari”.

En su afán por alivianar las presiones (las propias y las del presidente Uribe) trataron de atraer sobre sí mismos las antipatías y los odios populares, pero sólo consiguieron despertar lástima o, en el mejor de los casos, risa.

Derivar la confrontación entre la Corte y el Ejecutivo, a determinar el sexo de las denuncias (o denuncios), autoproclamarse Francisco de Asís o erigir a Uribe como la reencarnación cabalgante de Bolívar son algunas de las piruetas fallidas del otrora “poder detrás del trono”.

La estrategia del pararrayos está inscrita en la propaganda, se nutre de la psicagogía o dirección del alma colectiva, y se sustenta en la credulidad, la exaltación de los ánimos y el maniqueísmo primitivo. Al jalonar los odios sobre personajes piloto en la sombra,  busca limpiar la imagen del líder, porque “todo sucede a sus espaldas”.

El objetivo de los pararrayos es provocar. Aluden a la emoción, al ataque o al absurdo para evitar que aparezcan los argumentos y la razón. Por eso JOG lleva la discusión a un sofisma etimológico, Fernando Londoño niega por falta de procesos los falsos positivos (que el relator de la ONU llama “asesinato a sangre fría y premeditado de civiles inocentes, con fines de beneficio”) y Plinio Apuleyo defiende causas perdidas.

En el colmo de su función resultaron inocuos. Por eso llueven rayos y centellas sobre el Gobierno a causa del hundimiento inhumano de la ley de víctimas, del maltrato y silenciamiento del médico que interrumpió el viernes un discurso de Uribe (una cosa son los malos modales y otra el sabotaje), de los obstáculos para liberar al cabo Moncayo, de la estigmatización del senador Robledo, quien como los periodistas Morris y Coronell fueron ofrecidos como cabeza de turco para desviar la atención.

Naufragó la ironía romana que cita JOG sobre los tres más grandes majaderos de la historia (Jesucristo, Don Quijote y Bolívar). Ahora tenemos tres, pero de verdad, como dice el diccionario.

www.mariomorales.info

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido