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Son expertos en cocteles que inducen a la rabia. Una fórmula repetida, cada vez menos eficiente, como sus ingredientes. Una porción de arrogancia, una mezcla de mentiras con sabor a falsos dilemas, añada el tonito “sacapiedras” y agite con juego de roles de personajes que se narran desde la antipatía.
El resultado es trago indigerible servido en la copa de las venganzas que enajena temporalmente a quien lo prueba, lo lleva a la intolerancia y envalentonamiento, y que siempre termina con guayabo en forma de patraseada.
No bien cuaja un eventual primer acuerdo entre Gobierno y promotores del paro nacional, los saboteadores del diálogo le apuestan a la provocación por interpuestas personas, impugnándoles a las manifestaciones características superlativas, que solo ellos en su megalomanía imaginaron, como el derrocamiento o la toma del poder.
Pero en el colmo de la incoherencia quieren minimizar el número de marchantes mal contando 300.000; si fuera cierto no ameritaría tanta inquietud. Esa cifra la alcanzó solo la protesta alrededor de la Plaza de Bolívar el 21 de noviembre. Ahí están los registros audiovisuales dentro y fuera del país.
Como no es discusión de argumentos sino de posverdades, aluden a una presunta mayoría de quienes no marcharon, e ignoran a quienes querían, pero no pudieron por razones laborales, pero especialmente por miedo. Lo grave es que el presidente y la mininterior caigan o patrocinen la artimaña, olvidando lo que repiten en cada crisis: que no gobiernan para su partido o electores, sino para todos los colombianos.
Sobran pues etiquetas como esa de #NoPudieron en momentos de efervescencia, más allá de los frutos que rinden a quienes viven de división y odio, porque exacerban las razones y diatribas en las próximas marchas, junto al ridículo de voces deslegitimadas como la de Andrés Pastrana.
Este malestar generacional no se controla a punto de cocteles desabridos. Sobre todo en esta hora infeliz en la que todo viene mezclado con condiciones que van a terminar en otros reversazos vergonzantes como el de la tal reforma tributaria. De resaca en resaca.