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El país de las maravillas

Mario Morales
11 de mayo de 2008 – 06:00 p. m.

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CADA PAÍS TIENE EL LENGUAJE QUE se merece. Lo saben en España, donde el Ministro de Justicia se niega a aceptar la palabra colapso, como piden sus opositores, y prefiere hablar de problema endémico de retraso en la administración de justicia.

Lo sabemos acá en medio del dilema de si el caos político es profecía cumplida de la hecatombe o la alcantarilla que presintió y describió hace 50 años el profeta nadaísta gonzaloarango y que hoy parafrasea sin sacar pañuelo el Comisionado de Paz.

Los acusados en esta bola de nieve dicen que todo es un dislate en vez de decir disparate (no sea que lo que digan sea utilizado en su contra).

Que son falacias, repiten los involucrados sin dar otro argumento. Que los que apoyan las investigaciones son farsantes, se escucha en medio de gritos y furias. Que hay que moderar el lenguaje y autorregularse pide la Ministra de Comunicaciones en un foro radial.

Yo ‘asumo’ es el verbo que utilizan todos en coro, sin que sepamos si lo expresan porque llegan para ocupar las sillas vacías o para ponerle la cara a la situación (y después pasar a ocupar las sillas vacías).

¡Tranquilicémonos!, susurran los más nerviosos: “A mí no me gusta tranquilizar, me gusta es anarquizar a la gente”, viene diciendo desde hace dos años, tres meses y dos días el siquiatra Luis Carlos Restrepo. Al tiempo pide que se lo tome como una paradoja. Y le hacen caso. Ya nadie le dirige la palabra. Una cosa de locos.

www.mariomorales.info

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