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Cuatro son las apuestas de comunicación política que se disputan la esfera pública actual, a cual más, repetidas, de cartilla, pero eficientes a su medida.
Domina el triángulo del gobierno liderando la agenda con decires, ilusiones, añoranzas y hasta utopías para saciar públicos leales; con emociones exacerbadas para mantener ocupados y desestabilizados a sus haters; y el mantenimiento de la atención a toda costa, con la única novedad de la aplastante naked-politics (como chiritos sacados al sol o como fuego amigo), hoy en boga, como se ha visto con Trump transmitiendo la reunión de su gabinete (sin nadie escandalizado) o la humillante encerrona a Zelensky.
Le intenta competir la farandulización de la estrategia en Barranquilla y la costa a punta de fútbol, Char-naval y publirreportajes, especialmente en medios audiovisuales, que contrastan con los serios trabajos de investigación a sus casas políticas, confinadas a su patio.
En Bogotá, Galán sigue el guión de aparecer, de casquito, solo en obras para disculpar el desespero de esta ciudad convertida en un enorme estacionamiento o para controvertir a Petro. A los muchos otros problemas, como la intolerable inseguridad, les hace el quite, dejando a la policía con el rancho ardiendo. Mientras, los medios, puede ser por ingenuidad, lo llevan entre algodones.
En Medellín, luego de su fracaso a nivel nacional, Fico se ha concentrado en construir, aliado con sectores empresariales, una suerte de populismo regional de oposición, no obstante los escándalos del presente, los fantasmas del pasado y cuestionamientos por cifras, sobre todo en materia de seguridad; se ayuda en mucho con el descrédito del gobierno anterior.
El resto no juega a nada más que a decires en redes sociales y a memes discursivos repetidos en entrevistas, bien porque se empantanó en la “escandalitis” y la indignación, bien porque está esperando que cuaje la campaña para saber qué hacer. Condenados a ser simples espectadores, así sus métricas les digan otra cosa.
Cuatro apuestas que, sin la perspectiva de los apremiantes problemas, permiten intuir quién termina pagando.
@marioemorales