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¿Y la libertad de expresión?

Mario Morales
01 de agosto de 2010 – 07:54 p. m.

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MUY A PESAR DEL ALARDE EN DISMInución de asesinatos de periodistas, no le fue bien a la prensa, ni a la libertad de expresión en estos ocho años.

No se puede exhibir como logro que haya habido, por lo menos, 27 periodistas asesinados de 2002 a 2009, como documenta la Flip. Si bien ese promedio disminuyó, otros como las amenazas subieron: 45 en 2002, 74 en 2009. Y de manera solapada, engordaron nuevas y sofisticadas amenazas a la prensa, además de las “tradicionales” de intimidación, agresión, censura y muerte.

Esos nuevos ataques a la prensa, en medio de la polarización política y concentración de medios, fueron, de manera sistemática: acoso judicial, estigmatización o señalamientos indebidos, proyectos de ley limitantes, obstrucción del trabajo, avalancha de propaganda política disfrazada de información, presión laboral o de la pauta, y la “cacería de brujas”, o DAS-gate, como la denominó Reporteros Sin Fronteras, para caracterizar el espionaje, seguimiento y desacreditación de, al menos, 16 reporteros según informe a mayo de 2010. Sin contar otros atinentes a las rutinas y prácticas, como ruedas de prensa sin preguntas, invitación a giras, entrega de material editado y el “aceitado” a la puerta giratoria entre periodismo y gobierno.

Las víctimas de neo-censura en ocho años superan de lejos el millar. En 2009 hubo 258 en 129 casos documentados por la Flip, lo que nos significó el nada honroso lugar 126 entre 175 países (según RSF). Víctimas, entre la multitud de reporteros anónimos, son Hollman Morris, Claudia Julieta Duque, Jorge E. Botero, Daniel Coronell, Carlos Lozano, Claudia López, Javier Darío Restrepo, Alfredo Molano, Álvarez Gardeazábal, Ramón Jimeno, Pascual Gaviria, Ma. Elvira Samper y Rodrigo Pardo.

Pero, ¿hubo libertad de expresión? Para responder, resulta apropiada la metáfora de Neil Postman, de la Universidad de Nueva York, al plantearse si a un río, después de contaminado, se le puede seguir llamando río. Ha habido tantos cambios  acumulativos en las aguas del periodismo que la libertad de expresión está contaminada, y puede ser tóxica, aunque con vida, pero lejos del río transparente que el Gobierno, terco en su balance, insiste en presentar.

www.mariomorales.info y en Twitter @marioemorales

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