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A raíz de la muerte de 20.000 chigüiros los ambientalistas, los inquisidores modernos, han puesto en el patíbulo —sin carga de la prueba— a los presuntos culpables.
Lejos de estar en extinción, en el Casanare deambulan más de un millón de chigüiros. En Venezuela estiman que en las épocas de sequía pueden morir cerca del 33% de la población de este prolífico roedor. El Espectador, en su editorial del 3 de abril, señala: “Todos se rasgan hoy las vestiduras (nosotros, los medios de comunicación, incluidos) y buscan señalar culpables directos de la crisis ecológica por la sequía actual en el Casanare. Algunos políticos quieren recoger, en medio de la arena, desvergonzados réditos. Petroleros, arroceros, palmicultores, ganaderos y funcionarios desfilan, uno a uno, por la galería de los potenciales culpables, dependiendo, por supuesto, de la perspectiva y los intereses del acusador de turno”.
Los presuntos culpables son:
Petroleras: El petróleo que se extrae en Colombia es por medios convencionales, y no por fracturación hidráulica. Para la exploración el sector utiliza el 0,17 del agua disponible —y una vez el pozo se desarrolla, por cada cien barriles que se extraen, cinco son de petróleo y 95 de agua que se reintegra al ecosistema—. Tercero, la sísmica no impacta en nada a los acuíferos.
Agricultura: De las 4’464.100 hectáreas del departamento del Casanare, en agricultura solo hay 165.000. Y de esas 165 mil hectáreas, más de la mitad son cultivos de subsistencia familiar; y menos de la mitad son cultivos comerciales. Acusar a una actividad que cubre menos de 4% del área de la sequía, es mendaz.
Arroceros: en Casanare se cultivan 86.000 hectáreas de arroz, de las cuales 50.000 son secano y las otras 36.000 son en riego. El arroz cubre menos del uno por ciento del área del departamento.
Palmeros: la palma en el Casanare ocupa 16.000 hectáreas (0,25% del área), de las cuales sólo una mínima parte tiene riego.
Ganaderos: La ganadería tradicional es una práctica que ha generado una simbiosis viable con el sistema ecológico, pues no es extensiva, sino, al contrario, de baja densidad y adaptada a los ciclos de la sabana. ¡Para su existencia no necesita tumbar árboles, ni secar morichales!
Es claro que ni la ganadería ni la agricultura tienen mayor impacto en la sequía. Buscando el ahogado aguas arriba, los ambientalistas afirman que “la negligencia ecológica en Colombia es culpa del sector privado”. Posiblemente el mayor desastre ecológico del país es la contaminación del río Bogotá. Para los ambientalistas no son los ocho millones de citadinos, sino el sector privado el culpable. ¡Vaya disparate!
Y a la hora de la verdad muy pocos son los que realmente han acertado sobre los dos responsables de la sequía en el Casanare (el séptimo peor verano en los últimos 40 años): Uno, los que deforestan las cuencas hídricas (la crisis del Casanare se origina es en los nacimientos de Boyacá). Dos, el cambio climático. Pero sobre el cambio climático, no todo está dicho. Un reciente estudio sueco afirma que el planeta era más caliente tanto en la época de los romanos como en la Edad Media. Otros académicos afirman que fue un largo período de clima húmedo y caluroso lo que le permitió a Gengis Kan conquistar medio mundo, lo cual en cierta forma desvirtúa las teorías de que el cambio climático es el resultado exclusivo de las emisiones de gases.