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En estas fechas de recogimiento, de olvido y de distracción, queda uno anonadado con las torpezas de la aerolínea estadounidense United. Y queda uno anonadado sólo de pensar que ésta, cuya falta de criterio parece no tener límites, puede llegar a ser socia y eventualmente propietaria de Avianca.
En menos de dos semanas, United ha cometido dos crasos errores que en materia de reputación le van a salir enormemente costosos. El primero es no haber permitido subir a un avión a dos adolescentes que llevaban leggins, prendas tan comunes como cómodas. El que las aerolíneas impongan un “código de vestimenta” es algo ridículo, pero el pretender que los jóvenes se ajusten a ese “código” es insensato.
La segunda torpeza es la realmente grave. Hace unos días, United decidió de manera arbitraria sacar a la fuerza del avión que cubría la ruta entre Chicago y Louisville, en Kentucky, a un pasajero que había pagado su tiquete. Todo parece indicar que el viajero, que terminó en un hospital, era un médico de origen chino que fue escogido al azar. Al rehusar el galeno a bajarse, con el sólido argumento de que tenía que estar el lunes siguiente en Louisville para ejercer su profesión, la aerolínea solicitó a las autoridades que lo sacaran a la fuerza, tarea que los guardias ejecutaron arrastrando violentamente al médico por los pies y rompiéndole, mientras los otros pasajeros gritaban, parte de la cara en el intento. El uso de violencia en contra de un viajero, a no ser que esté en peligro la seguridad de los otros pasajeros, es de una torpeza sin límites.
¿Y qué argumentaba United para tan torpe proceder? Que necesitaba llevar a una “tripulación” a Kentucky para no demorar un vuelo en esa ciudad. ¿Pero es que trasladar una “tripulación” les permite a las aerolíneas sacar a patadas a los pasajeros que les dé la gana? ¿Acaso un tiquete no es un contrato que obliga a las dos partes?
Los usuarios estamos hasta las narices de la práctica de las aerolíneas de sobrevender los pasajes, políticas bendecidas por las autoridades aeronáuticas en buena parte del mundo. Pero es el momento de exigir que las empresas aéreas se ajusten a unas reglas bastante más estrictas y que las compensaciones a los pasajeros dejados en tierra sean por lo menos cuatro o cinco veces el costo del tiquete. Lo que NO puede ocurrir, bajo ninguna circunstancia, es dejarles a las aerolíneas la discreción de atropellar a su libre albedrío a uno o varios pasajeros. O el viajero, con base en incentivos económicos, se baja voluntariamente, o debería ser prohibido bajarlo contra su voluntad.
Dicho lo anterior, hace unos meses tomé un vuelo transpacífico en United. Debo decir que me pareció una pésima aerolínea. En un avión relativamente nuevo, en un vuelo de cerca de 12 horas, las luces de leer estaban fundidas, la comida pésima y el servicio en tierra deplorable. Ojalá no entre United a dominar el mercado colombiano.
Apostilla: en una noticia bastante disimulada en una página interior de El Tiempo apareció el pasado martes una preocupante afirmación por parte de un alto vocero de esta guerrilla: “(Las) Farc no descartan que unidades suyas se queden en las que hoy son zonas veredales”. O sea que las tales zonas veredales transitorias de normalización (ZVTN), en las que las Farc deben dejar las armas y desmovilizarse, no son transitorias, sino permanentes. ¿Es este un nuevo engaño a los colombianos?