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Parafraseando la sentencia de Cervantes en el capítulo 9 de la segunda parte de El Quijote, Raúl Castro le podría decir a su hermano Fidel que «con la burocracia han dado».
El significado de esta frase, cuyo origen se remonta al siglo XVI, cuando el poder de la Iglesia era omnímodo y producía terror verse envuelto en un litigio con ella, se ha extendido para indicar cualquier autoridad que se interponga ante las intenciones de la persona que la enuncia.
Raúl Castro busca hacer eficaz el modelo económico cubano y sacar a la isla de la miseria que la embarga. Ni Raúl ni Fidel, pontífices máximos del marxismo tropical, estaban preparados para enfrentar la pertinaz oposición de la burocracia: “Toda resistencia burocrática, consciente o inconsciente, será inútil…”, advirtió Raúl ante más de 600 diputados; “…el mayor obstáculo que enfrentan las reformas es la barrera psicológica formada por la inercia, el inmovilismo, la simulación o doble moral, la indiferencia o insensibilidad”. Raúl podría estar de acuerdo con Balzac, quien sostenía que la burocracia es un mecanismo gigante manejado por pigmeos. El escritor norteamericano Fran Herbert afirmaba: “La burocracia destruye la iniciativa. Hay pocas cosas que los burócratas odien más que la innovación, especialmente la innovación que produce mejores resultados que las viejas rutinas. Las mejoras siempre hacen que aquellos que se hallan en la cúspide aparezcan como unos ineptos. ¿A quién le gusta aparecer como un inepto?”.
Dentro de la religión marxista los burócratas, como los prelados en el siglo XVI, ejercen un poder casi omnímodo. Los hermanos Castro y sus ingenieros sociales pregonaron que el socialismo había creado un nuevo hombre sin darse cuenta de que no son ellos los que mandan en la isla, ni mucho menos el Partido Comunista. El verdadero poder en Cuba está en manos de los tres millones de burócratas que quedan después de despedir a 500.000 empleados públicos. Para el autor de esta nota las reformas de Raúl (reformas que al permitir la propiedad privada colocan en tela de juicio la columna dorsal del marxismo que sostiene que la propiedad es exclusivamente del Estado) que buscan alejar la isla del precipicio, están condenadas a naufragar porque toda operación comercial de vivienda va a requerir la venia de la burocracia, como lo ha advertido el funcionario cubano Marino Murillo. ¿Se imagina el lector la agilidad de un mercado inmobiliario que requiere autorización previa?
El modelo marxista-leninista que los hermanos Castro, después de 52 años de fracaso tras fracaso, están tratando de desmontar es exactamente el mismo modelo que los narcoterroristas de las Farc y del Eln nos quieren imponer. Y la pregunta obvia para aquellos que insisten en que hay que dialogar con la guerrilla marxista es: ¿qué es lo que hay que negociar con la guerrilla? Es decir, ¿negociar su reincorporación incondicional o hay que negociar el modelo marxista, modelo que ha fracasado económica, social y moralmente? ¿Acaso las Farc y el Eln han abandonado su agenda de toma del poder para instaurar el socialismo por vía de las armas? El diario El País, en su editorial (agosto 10/11) es bastante explícito: “(Las Farc y el Eln) hablan de paz y usan el terrorismo traicionero contra la Nación. Ofrecen liberaciones a cuentagotas, una manera perversa de aprovechar la solidaridad con los secuestrados, aprovechando el protagonismo que los medios de comunicación les dan a esos momentos para reiterar sus consignas guerreristas. Nada hay de sinceridad en la guerrilla, así organizaciones como Colombianos y Colombianas por la Paz (lideradas por Piedad Córdoba), tratando de presentarse como vocera de los colombianos, insistan en ver avances en las respuestas de los cabecillas de la violencia”.