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De la vergüenza a la indiferencia

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Es vergonzoso el desempeño de nuestros estudiantes en el Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes, más conocido como PISA (por sus siglas en inglés), que comparó resultados en las 34 naciones de la OCDE y en otros 31 países (que representan en conjunto cerca del 80% de la población mundial).

De las tres clases de pruebas para los 65 países, Colombia sacó en matemáticas el puesto 62; en lectura ocupó el puesto 55, y el 58 en ciencia. El fracaso de nuestros estudiantes no hizo distinción de estrato, ni entre las escuelas públicas o privadas.

El nivel educativo de un país depende de la formación, motivación y aprendizaje permanente de sus profesores. La presidenta de Finlandia, uno de los países mejor clasificados, aseveró que los tres secretos del éxito educativo son “los maestros, los maestros y los maestros”. El autor de esta nota tuvo oportunidad de analizar el pomposo comunicado a página entera de Fecode (dic. 22/13) en los principales diarios del país. En dicho escrito de cerca de 800 palabras no hay una sola, repito, una sola línea que se refiera a los resultados PISA o a la deficiente calidad de la educación. Por el contrario, además de una retahíla de lugares comunes y frases de cajón propias de un comunicado de las Farc en Anncol, se incluye la peregrina afirmación de que los maestros colombianos son ejemplo en América Latina y el mundo. Habiéndose nuestros estudiantes, y por ende los docentes, convertido en un hazmerreír, ¿de donde sacan los saltimbanquis de Fecode que somos ejemplo de nada? Para Fecode lo único que tiene relevancia son las “conquistas que mejoran los niveles de vida de los docentes… la lucha del gremio… y la solidaridad con los sectores en conflicto…”. ¡Es como si la calidad de la educación no fuera de incumbencia de Fecode!

Comenta Andrés Oppenheimer en su excelente libro ¡Basta de historias! (Vintage, 2010): “Hay fuertes evidencias de que el crecimiento económico no está limitado por el acceso al crédito, ni por la inestabilidad macroeconómica, ni por la inestabilidad política, ni por impuestos demasiado altos o variables, ni por rigideces en el mercado laboral, ni por falta de coordinación en el descubrimiento de nuevas actividades productivas. La mayor limitación al crecimiento es la baja calidad de su oferta educativa… Es un error creer que todos los problemas de la sociedad se resuelven con crecimiento económico: el crecimiento no resuelve la pobreza, la pobreza la resuelve la educación… El problema de la desigualdad en Latinoamérica no es un problema de crecimiento económico, sino de educación”.

La razón de que este columnista se encuentra intranquilo es la indiferencia de todo el mundo (Gobierno, Congreso, sector privado, sindicatos, colegios, maestros) ante el inocultable fracaso de nuestro sistema educativo. Un país cuyo desempeño educacional —indistintamente del estrato— es tan vergonzosamente mediocre, tiene su futuro comprometido.

Apostilla: no es suficiente que las facultades de derecho en el país hayan añadido la especialización en “Derecho Penal Mediático” para aquellos estudiantes que deseen equilibrar su limitado alcance intelectual con un hábil manejo del micrófono. Es recomendable que incluyan una nueva especialización en “Derecho Penal Inmobiliario” para aquellos que, incapaces de convencer a los jueces de absolver a sus clientes, por lo menos logren que les den “casa por cárcel” o, aún mejor, “club por cárcel” o “spa por cárcel”.

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