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LOS CONGRESISTAS DE LA COMIsión Tercera del Senado y el gobernador de Nariño, Antonio Navarro Wolf, le solicitaron al Gobierno Nacional la creación de un fondo de solidaridad para reparar a las personas de menores recursos que fueron afectadas por el fenómeno de las pirámides. Según informes de prensa, “Dicho fondo tendría recursos recuperados de las captadoras, decomisados por lavado de activos y dinero del fisco nacional.”
A primera vista la idea no suena tan descabellada. Pero una vez analizada más a fondo, es de una estupidez que desborda todo límite. Se dice que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones y todo parece ser que Navarro Wolf y los congresistas están empeñados en construir el camino para que renazca un nuevo infierno de pirámides.
Vamos por partes: si el fondo va a tener recursos recuperados de las captadoras, dicho fondo sobra porque ya el Gobierno ha establecido mecanismos para devolverles a los incautos y a los ambiciosos lo poquito que llegue a recuperar. Los dineros decomisados por lavado de activos que entraron a las pirámides, claro que se deben devolver a los inversionistas. Es más, bajo amenaza de judicializar por lavado de activos a los múltiples abogados, tinterillos y asesores que tan expeditamente les prestaron asesorías a las pirámides, el Gobierno debería forzar a estos individuos a devolver esos fondos mal habidos.
Lo que es inaceptable es que con dineros de los contribuyentes —es decir, de usted y yo, amigo lector— se pretenda reparar a los incautos y a los codiciosos. Esto no sólo es inmoral, sino que crea un gigantesco incentivo perverso para que renazcan y se reproduzcan nuevas pirámides, en el entendido que si el don Murcia de turno se desaparece con los denarios, no hay problema porque un fondo con dineros de los contribuyentes los va a reparar.
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Pasando a otro tema, y reconociendo su probidad y capacidad de análisis, no suelo estar de acuerdo con el consultor Mauricio Cabrera. Pero encuentro que el doctor Cabrera tiene parcialmente la razón cuando califica la decisión del Gobierno de no bajar el precio de la gasolina como un “disimulado y elegante” aumento de los impuestos. La verdad es que es un nuevo impuesto, pero para quien escribe esta nota no es ni disimulado ni elegante: es burdo y mal razonado. Desde 1999 el Gobierno había prometido que al llegar al precio de paridad internacional, el compromiso era liberar los precios. Hace varias semanas se llegó a la paridad internacional y hoy el Gobierno, sin vergüenza alguna, afirma que no va a honrar ningún compromiso y que los recursos los va a utilizar para cumplir las necesidades presupuestales en atención de emergencias.
Aquí ocurren tres cosas muy graves: el Gobierno está desaprovechando olímpicamente una magnífica oportunidad de desmontar unos subsidios que sólo favorecen a los estratos altos; el Gobierno pierde legitimidad al deshonrar sus compromisos; y, finalmente, al Gobierno se le olvida que en las democracias los impuestos tienen que ser tramitados a través del Poder Legislativo. Sólo son las dictaduras las que crean los impuestos a su libre arbitrio.
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Según este diario en la edición del domingo pasado: “El miembro del secretariado de las Farc, Germán Briceño Suárez, alias Grannobles, se encuentra en delicado estado de salud como consecuencia de la picadura de una serpiente. Pero por Dios, ¿nadie ha averiguado en qué estado se encuentra la pobre serpiente después de haber mordido a semejante víbora? ¿Dónde están las autoridades nacionales e internacionales encargadas de velar por la fauna nacional? El pobre animalito, retorciéndose del dolor, debe estar arrepentido de haber mordido a este reptil de dos patas.