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En reciente viaje tuve oportunidad de ser testigo de la nostalgia y pesadumbre de muchos habitantes y nativos de Hawái por el cierre del último ingenio azucarero del archipiélago.
Y dicha nostalgia no era tanto por el impacto económico que dicho cierre implicaba, sino porque culminaban dos siglos de estrechos vínculos culturales, sociales y económicos entre las islas y el azúcar. El ingenio que cerró sus puertas, Puunene, tenía 675 empleados directos y cultivaba 10.000 hectáreas de caña, y no obstante el área y la avanzada tecnología, su producción era marginal dentro del contexto azucarero mundial. Pero a través de estos 200 años hubo una importantísima inmigración a las islas, principalmente de Japón, de Filipinas y de la China, flujos que le imprimieron el sabor y carácter multiétnico y multicultural a este archipiélago.
Más allá del cierre de esta operación agrícola en Hawái está el hecho de que —con muy contadas excepciones— el turismo mata la agricultura. Y la mata porque es muy difícil que los jornales agrícolas compitan con los salarios y propinas de los empleados del sector turístico. Sin embargo, en Hawái, archipiélago que se ha convertido en un paraíso turístico del continente estadounidense y de los japoneses, hay varios renglones agrícolas que probablemente van a sobrevivir. En primer lugar está el café, principalmente el de Kona, cuyas primas en los mercados internacionales justifican el altísimo costo de la mano de obra. Por otro lado están los productos orgánicos, que igualmente pueden exigir mayores precios. Las islas adicionalmente han adelantado importantes campañas de consumo de productos locales, lo que está ayudando a que no desaparezca la agricultura autóctona. Finalmente están los productos que han adquirido una “denominación de origen” como pueden ser la piña y las nueces de macadamia. El autor de esta nota se teme, sin embargo, que la ventaja de la piña y la macadamia no sea sostenible en el tiempo y que estos productos corran la misma suerte que la caña de azúcar.
Para Colombia, lo que está ocurriendo en Hawái es relevante porque en determinadas zonas del país va a haber importantes desarrollos turísticos en el futuro inmediato, como pueden ser la región Caribe, el Chocó, Nariño, la Zona Cafetera, la Amazonia y algunas partes de la Altillanura. Aquellos que pretenden impulsar proyectos agrícolas en zonas de potencial desarrollo turístico van a tener que mirar en forma detenida la oferta potencial de mano de obra y no olvidar que sólo una agricultura muy especializada sobrevive en un entorno en donde prima el turismo.
Apostilla 1: Un corresponsal de este diario —en relación a la supuesta revocatoria del alcalde Peñalosa— expone con fina ironía y precisión quirúrgica el quid del asunto: “A Peñalosa no le van a perdonar que en apenas un año haya acabado con la Bogotá moderna, limpia, segura y próspera que durante 12 años construyeron Lucho, Samuel y Petro”.
Apostilla 2: La caricatura de Picho & Pucho del pasado domingo en este diario, donde un padre le hace una advertencia a su hijo, es una radiografía de la justicia penal colombiana, en donde los pícaros —abrazados de sus abogados— van a la cárcel: “Aquí usted puede matar, violar, robar, estafar… hacer de todo… lo único que necesita es plata para pagar un abogado más pillo que usted y pedir ‘vencimiento de términos’ y ya, siga dándole…”.