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Respecto a un reciente editorial en este diario, “Arremeten los ‘Fondos Buitre’” (julio 8/14), en opinión de este columnista se evidencia un marcado sesgo del editorialista. En primer lugar, dicho editorial afirma que parte de la razón por la que Argentina se encuentra al borde de una crítica situación económica no es por falta de previsión de su gobierno. A no ser que el gobierno argentino en vez de abogados esté usando fontaneros, al emitir los bonos en EE.UU. las autoridades estaban explícitamente aceptando la jurisdicción del Estado de Nueva York. Entonces el pretender desconocer las leyes que rigen en dicho Estado, más que ignorancia, demuestra una inexplicable falta de previsión por parte de los gauchos.
En segundo lugar, el editorial deja entrever que los problemas de Argentina no se derivan de malos manejos de la economía. Para contrastar dicha tesis, basta remitirnos a la opinión del prestigioso economista argentino Nicolás Márquez: “Durante la bonanza de las materias primas de los últimos años, el gobierno de Fernández entregó enormes subsidios a la población para ganar votos, en lugar de atraer inversiones para reducir la pobreza de manera permanente. Un asombroso 45% de los argentinos ahora recibe dinero mensualmente del Gobierno, ya sea porque son empleados públicos o porque cobran subsidios en efectivo. El número de empleados públicos ha aumentado 52% durante la última década, dice el grupo de investigación económica FIEL. Todo eso ayudó a Fernández a ser reelecta en el 2011, y llevó a muchos argentinos a creerse el cuento chino de que Argentina descubrió un nuevo “modelo económico”. Pero ahora que los precios internacionales de la soja y otras materias primas argentinas se estabilizaron, la dura realidad se hizo evidente: el Gobierno ha estado gastando mucho más de lo que puede. Desde principios del año, las reservas de Argentina han caído desde los 43 mil millones de dólares a 35 mil millones. La inflación, que según cifras oficiales es del 10% anual, es calculada por la mayoría de los economistas independientes en cerca del 26%”.
En tercer lugar, refiriéndose a los ‘Fondos Buitre’, el editorialista afirma: “Por eso hay quienes manejan a su antojo las reglas del juego”. Al respecto señala el jurista argentino y experto en mercados Carlos Maslatón que la sentencia del juez Thomas Griesa “es abrumadora en definiciones legales en relación con qué significa firmar un contrato, cumplir con sus obligaciones, los efectos de incumplir, y en la materia de los derechos de quien compra un bono soberano ya sea de forma primaria o a precio de descuento en un mercado secundario de valores” y que “para el tribunal se trata sencillamente del caso de un contrato donde la Argentina se niega a pagar a ciertos acreedores bonos emitidos voluntariamente por el país en 1994 utilizando normas legales norteamericanas”, rematando que “El concepto de ‘fondo buitre’ no existe realmente ni en los mercados de valores ni como concepto jurídico”.
Finalmente, el punto en el que este columnista está totalmente de acuerdo con el editorial es en que existe la urgencia de crear unos mecanismos internacionales que regulen la emisión de bonos soberanos. Mientras tanto, acusar de voracidad a unos inversionistas que han actuado dentro de unas reglas de juego no es razonable. ¿Acaso todo aquel que compra una casa, una acción, una empresa en $10 y a los 10 años la vende en $150 (generando una utilidad del 1.500%) es un buitre que se lucra de manera exorbitante? Por el contrario, ¿una nación que pretende violar unas leyes y reglas de juego que ha aceptado es una pobre víctima?