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Encuentro en las escaleras

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En enero de este año se encontraron en las escaleras dos países: Argentina y Colombia.

Que se encuentren no tiene nada de particular… Lo que sorprende es que el primero viene de arriba, de muy arriba, prácticamente de la parte más alta de la escalera, lugar que en su día compartió con algunas potencias que se contaban con los dedos de las manos. El segundo, por el contrario, viene de abajo, de muy abajo, hasta tal punto que no hace mucho estuvo al borde de ser declarado “Estado fracasado”. A principios del siglo pasado la economía del primero era entre 10 y 20 veces más grande que la del segundo. En 1983 sólo era entre dos y tres veces más grande. Hoy es un cinco por ciento menor. Y si bien sorprenden la cima y el abismo de donde viene cada uno, no deja de llamar la atención para dónde van: el primero mantiene su vertiginoso descenso, mientras que el segundo, si no comete serias equivocaciones, sigue ascendiendo.

Vamos al grano: pocos se explican cómo Argentina, un país que en 1914 tenía una economía más grande que la de Francia, Alemania o Italia, haya llegado tan bajo. Para el Economist (feb. 15/14) son tres las posibles explicaciones: la primera es que si bien la Argentina de 1914 era rica, no era moderna. Es decir, el 75 por ciento de la población era analfabeta, los niveles de ahorro e inversión bajísimos, y la exportación de carne y granos monopolizaba la actividad económica. Segundo, desde atar su suerte casi exclusivamente al comercio con Inglaterra, hasta funestas políticas de sustitución de importaciones, Argentina nunca encontró un norte comercial e industrial. Un siglo de estar “cerrando” la economía ha llevado a que sólo la tercera parte de los sectores y las empresas puedan competir internacionalmente, según afirma el analista Sergio Berensztein. Finalmente, los argentinos nunca se cuidaron de construir instituciones sólidas y flexibles que les permitieran adaptarse a los vaivenes de la economía global. En Argentina, con breves excepciones, ha prevalecido el populismo primario caracterizado por una ausencia abismal de seguridad jurídica para los inversionistas locales y foráneos. Los peronistas, por cerca de setenta años, han hecho gala de su incompetencia, miopía y corrupción.

Colombia, por contra, con escasos recursos naturales, ha salido paulatinamente de la miseria con base en el descomunal esfuerzo de sus habitantes. El país, como lo señala el Wall Street Journal Americas (feb. 28/14), “hasta hace unos años arrastraba una reputación dañada por los carteles de la cocaína, los secuestros generalizados y un conflicto armado”. Pero mientras en Argentina los controles de cambio, los costosos subsidios a la energía y el transporte, la alta inflación y políticas gubernamentales impredecibles siguen debilitando la economía, en Colombia el gasto disciplinado, la baja inflación, la libertad cambiaria y las políticas de apertura han dado frutos en lo que al crecimiento y la inversión se refiere. Los cambios que se vislumbran en la rezagada infraestructura, al igual que las posibilidades de un acuerdo de paz, pueden llevar a que la economía alcance un crecimiento del 7 por ciento anual.

Sin embargo, no podemos ni debemos ser triunfalistas. Muchos pretenden regresar al proteccionismo; que se profundicen los subsidios como aquel de los combustibles, y, sobre todo, hay una preocupante tendencia a descuidar la “seguridad jurídica”, columna vertebral de una sociedad moderna. Volver al abismo no es nada difícil.

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