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Entre el bolívar y el bitcoin

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Usted, amable lector, ¿A qué moneda le daría mayor credibilidad: a una emitida por el gobierno de un país que recibe ingresos de 100.000 millones de dólares anuales por concepto del petróleo, o a otra moneda que solo existe en el ciberespacio y no tiene el respaldo de gobierno alguno? Muy seguramente su respuesta sería la primera.

En el mundo real ocurre algo diferente: mientras que al bolívar, la moneda oficial de la hermana República Bolivariana de Venezuela, la gente le huye como a la peste, el bitcoin ha adquirido una aceptabilidad a nivel mundial que nadie se esperaba. El bitcoin, como lo afirma un entusiasta, “se puede usar para comprar una cerveza en Berlín, pedir una pizza en Ámsterdam, tomar un taxi en Edimburgo, hacerse un chequeo dental en Liubliana, estudiar en Nicosia, comprar medias de alpaca en Massachusetts o hasta ir al espacio con Virgin Galactic”.

¿Pero qué es el bitcoin? Es una moneda virtual fundada por una, o unas, personas que operan bajo el inusual seudónimo de Satoshi Nakamoto. Según los creadores, “es un sistema financiero nuevo, diseñado desde cero, por la gente y para la gente. No solo es rápido, barato y sencillo, con el bitcoin todo el que participa tiene el mismo poder. No hay banqueros porque no hay bancos, la gente puede controlar su propio dinero. Además, las reglas del sistema son para todos y por eso ni los desarrolladores del software pueden interferir en los deseos del usuario. No pertenece a ningún Estado o país y puede usarse en todo el mundo por igual”.

Adicionalmente, es compleja su falsificación o duplicación gracias a un sofisticado sistema criptográfico y no es necesario revelar la identidad al hacer negocios y no puede ser intervenido por nadie ni las cuentas pueden ser congeladas. Es la pesadilla de Cárdenas y Ortega: No hay que pagar el 4 x mil. De alguna manera se puede afirmar que como moneda es el sueño de todo anarquista. Al inicio un bitcoin se adquiría por un puñado de dólares y hoy su precio está por encima de los mil doscientos dólares. De los 20 millones de bitcoin que va a haber, hoy circulan 11 millones.

La humanidad ha utilizado todo tipo de monedas, desde las conchas de la playa, hasta las vacas y las plumas de algunos pájaros. En épocas relativamente recientes el oro y la plata asumieron el papel determinante. Hoy manda el papel moneda. Pero a la hora de la verdad, el valor real de una moneda no lo determina el emisor sino los usuarios con base en la ‘confianza’ que les brinda tanto al que paga como al que acepta el pago.

¿Y a qué se debe el descrédito del bolívar? Después de cerca de 14 años de chavismo, Venezuela atraviesa una inflación del 54,3%; el crecimiento de la economía será menos que el 1%, mientras que el déficit fiscal va a superar el 12% del PIB. Para el connotado economista Armando Montenegro (El Espectador, dic. 1/13), “…el manejo macro de Venezuela, en manos de personas inexpertas, cegadas por fijaciones ideológicas, es horrible: la emisión monetaria a favor del Gobierno no tiene control, el gasto público no guarda una relación con la capacidad tributaria y sus autoridades, con sus torpezas, no hacen más que agravar los problemas”. Entonces, ¿a alguien le puede sorprender que todo el mundo huya del bolívar, moneda que para cambiarla por un dólar hay que pagar diez veces, léase bien, diez veces el valor fijado por el Gobierno?

Richard Branson, el pionero de Virgin Airlines, acepta el bitcoin como medio de pago. Tenemos serias reservas de que acepte el bolívar. ¡He ahí la diferencia entre el bolívar y el bitcoin!

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