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GERRYMANDERING ES EL NOMBRE anglosajón que se da a la manipulación electoral, manipulación que se lleva a cabo cuando se redistribuyen arbitrariamente los distritos o circunscripciones electorales con objetivos que pueden ser étnicos, lingüísticos, religiosos o geográficos. Sin embargo, cuando el objetivo del gerrymandering es obtener ventajas electorales, se trata de un fraude, manifiesta violación de uno de los pilares de toda democracia que es un hombre, un voto.
Chávez mantiene una mayoría en el Congreso, pero el no llegar a las dos terceras partes representa en sí una derrota. La mayoría de los venezolanos (52%) votó en contra del chavismo. Un ejemplo del gerrymandering chavista con fines fraudulentos es que para elegir un representante del estado de Delta Amacuro sólo se necesitaban 15.000 votos, pero para elegir un representante del estado Zulia se necesitaban 400.000 votos.
Para el autor de esta nota son cuatro los factores que incidieron en la derrota de Chávez: el primero es el hedor de las 103.802 toneladas de alimentos que se dejaron podrir en los puertos venezolanos, hedor que deja en evidencia tanto la corrupción como la incompetencia que caracteriza el régimen. El segundo es que nadie se explica cómo en medio de los precios más altos en la historia del petróleo, la economía se siga contrayendo, y mantenga Venezuela los índices de inflación más altos del mundo. El tercer factor es el rechazo a la política exterior de Chávez: el tácito respaldo al narcoterrorismo e inexplicable apoyo a dictaduras de pacotilla como la cubana y nicaragüense no es popular entre la mayoría de los venezolanos. Finalmente los electores le cobraron a Chávez que en sus 11 años en el poder ha convertido a Venezuela en el país más violento del mundo (doblando los guarismos colombianos). El socialismo del siglo XXI es muy poco lo que le ha aportado a los venezolanos y el resultado en las urnas es el reflejo de este fracaso.
Chávez tiene una pésima interlocutora en Piedad Córdoba. Ella le aconsejó que pidiera el reconocimiento continental de las Farc, medida que no sólo traería aplausos de los colombianos, sino que posiblemente implicaba el reemplazo de Uribe con un gobierno de transición en que ella y Chávez jugarían un papel estelar. La realidad es que los colombianos casi unánimemente rodearon al presidente Uribe y rechazaron tajantemente las peregrinas aspiraciones de la senadora y el venezolano. “Teodora” igualmente aconsejó a Chávez a romper relaciones comerciales con Colombia en el entendido que el daño se limitaría a un puchero de “riquitos” colombianos que verían desparecer sus pingües utilidades. La suspensión unilateral del comercio ha afectado mucho más a Venezuela que a Colombia.
Pretender que puedan existir relaciones normales con Venezuela —mientras que los narcoterroristas de las Farc sigan utilizando el vecino país como un santuario— es una quimera. Las relaciones entre Francia y España sólo regresaron a la normalidad cuando los galos pusieron de lado su inexplicable permisividad con los terroristas de la Eta. Mientras Chávez le permita a Timochenko, a Iván Márquez, y a miles de narcoterroristas permanecer en Venezuela con absoluta impunidad, no va a haber relaciones normales, punto.
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Apostilla: Manteniendo prudente distancia de varios prelados que afirman que como cristianos debemos perdonar a los terroristas de las Farc caídos en combate, considero que este perdón le corresponde exclusivamente a Dios. La tarea de las Fuerzas Armadas, como diría el general Schwarzkopf, es propiciar que el encuentro entre los narcoterroristas y Dios se lleve a cabo lo antes posible.