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Hoy domingo saldré temprano a votar por Iván Duque por múltiples razones, siendo una de las principales su posición firme y enérgica frente al narcotráfico. El candidato ha dicho que el narcotráfico no puede ser un delito amnistiable, y que la erradicación y la sustitución de cultivos ilícitos debe ser obligatoria y no voluntaria. Sus políticas de prevención al consumo y de rehabilitación son sensatas.
Todo parece ser que los colombianos somos de memoria fácil, por no hablar de selectiva. Se nos olvida que el dinero fácil del tráfico de drogas ha traído inmensurables costos para la sociedad, como son la corrupción y la permeabilización de todos sus estamentos. No recordamos, como lo señalaba un analista, que el narcotráfico genera unas corrientes de recursos financieros que han contribuido a una inflación de activos tanto de finca raíz urbana como de la rural, lo que ha afectado negativamente la productividad del campo y fomentado la asignación de recursos hacia actividades especulativas como lo constituye la rápida valorización de inmuebles. Enterramos en el anaquel del olvido el hecho de que los contrabandistas y los especuladores —atiborrados con dólares baratos— han ayudado a destruir sectores productores de bienes transables de consumo durable y no durable. El empleo informal que generan las actividades ilícitas no compensa ni en cantidad ni en calidad el empleo en sectores productivos, ni las menores inversiones que tienden a generarse en los sectores afectados.
La posición de Petro respecto al narcotráfico es muy parecida a la de esta administración: vacilante y ambigua. Es decir, la misma perra con diferente guasca. Este gobierno, como un gesto a las Farc para que la negociación de La Habana avanzara, se dedicó a mirar para otro lado mientras los cultivos de coca se multiplicaban por un factor de cuatro o cinco en los últimos seis años. Que las Farc ayudarían a erradicar cultivos, desmontar laboratorios y develar rutas de exportación fue una mentira grotesca. Lo único que el país atónito ha visto es a Santrich (muy seguramente apoyado por Iván Márquez) negociar diez toneladas de cocaína con el Cartel de Sinaloa.
Petro y los petristas no parecen haberse dado cuenta de que el narcotráfico hoy lo ha permeado todo: familias, colegios, universidades, calles, centros recreacionales y parques. Un informe publicado por el diario El Tiempo el pasado miércoles 13 de junio revela que, según los ministerios de Justicia y Salud, mientras el consumo de alcohol y tabaco en niños y adolescentes bajó, el de sustancias ilegales, incluidos el éxtasis y la cocaína, va en aumento sostenido. Otro dato aterrador del estudio es que uno de cada diez niños de séptimo grado admitió haber usado alguna sustancia ilícita en la vida, mientras que en el grado 11 esa fue la respuesta de uno de cada cinco. El informe indica a continuación que ese problema aumenta significativamente según incrementa la edad, pasando de 1,7 % entre los estudiantes de 12 a 14 años hasta 4,7 % en el grupo de 17 a 18 años. Un 70,2 % de los estudiantes dijeron que para ellos es fácil comprar alcohol, pese a que la ley prohíbe expresamente la venta a menores de edad. La marihuana encabeza la lista de las más fáciles de conseguir para los niños, con 37,3 %; le sigue el basuco con 12,4 %, la cocaína con 12 %, los inhalables con 8,5 %, y el éxtasis con 7 %.
Voto por Duque porque no quisiera seguir viendo una Colombia rehén de los narcotraficantes.