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El pasado domingo 3 de enero tuve oportunidad de hacer el recorrido por carretera entre Cundinamarca y el Valle del Cauca.
El trayecto entre Ibagué y Calarcá, tal como me lo esperaba, fue una pesadilla. En dicho recorrido, tramo que he transitado durante 60 años, se da uno cuenta que en siete décadas (15 gobiernos y cerca de tres generaciones de colombianos) aparte de unos pocos viaductos y otros a medio construir, la carretera es la misma. Hoy, en razón de un precario túnel sin luz al final —mal diseñado y peor ejecutado— no se ha podido solucionar el tránsito por la que es la principal arteria del país que une el centro y el oriente colombianos con el occidente. Adicionalmente es inaceptable que mientras que en el mundo los peajes electrónicos llevan más de 30 años operando, el tiempo de espera de algunos peajes en Colombia supera los 30 minutos.
Debo confesar que no tenía un buen concepto de la ministra de Trasporte, Natalia Abello. Su pobre manejo inicial del tema de Uber, aunado a mi congoja al recorrer el paso de La Línea por trigésima vez sin notar mejoría alguna, me hacían temer que de la señora Abello poco se podía esperar. Sin embargo, al llegar al destino en el Valle tuve oportunidad de leer la excelente entrevista que le hizo Yamid Amat a la alta funcionaria (El Tiempo, enero 3/16) y debo reconocer que mi opinión ha cambiado. Encuentro que la ministra hoy entiende los retos que a corto y mediano plazo enfrenta esta cartera y, con el apoyo de Germán Vargas y Luis Fernando Andrade, ha cogido la sartén por el mango.
En primer lugar la ministra Abello se compromete a poner en funcionamiento, antes de finalizar el segundo gobierno de Santos, los 27 kilómetros del cruce de la cordillera Central que incluyen el túnel de La Línea. De cumplirse el compromiso de la ministra, aunque sea con 70 años de retraso, sería un impresionante logro. La respetuosa recomendación que haría a doña Natalia es la manifiesta urgencia de solucionar el cuello de botella que se formará entre Ibagué y Cajamarca. De no resolver este embudo, incluyendo hacer una variante en Cajamarca, la vía entre Bogotá y Buenaventura va a continuar embotellada.
Cuando a la ministra Yamid le pregunta, ¿Por qué cree importantes las altas inversiones en las redes primaria, secundaria y terciaria?, ella contesta: “Hoy en Colombia tenemos un gran atraso de inversiones en redes rurales. Si uno ve el mapa del conflicto vs. la malla vial de Colombia y el indicador de pobreza, se ve claramente la coincidencia del conflicto donde hay ausencia de infraestructura. Las carreteras son absolutamente fundamentales para que el campesino lleve sus productos a los centros de consumo, para que tengan una conectividad y haya integración del territorio. Es fundamental para la paz que haya buenas vías en las zonas rurales. Eso está en el radar del Gobierno para estructurar el posconflicto”.
El caso del departamento del Vichada es emblemático de la coyuntura que señala la ministra: aparte de un vuelo diario a Bogotá, la única opción que queda para ir a Puerto Carreño es viajar en lancha, un recorrido que puede durar hasta ocho días, iniciando el viaje desde Puerto Gaitán por el río Meta. Si la Altillanura sigue teniendo que consumir sus propios productos porque no existe forma de sacarlos a los centros de consumo, señora ministra, todo el planteamiento del Gobierno de convertir esa región en la despensa agrícola del país no pasará de ser un canto a la bandera.