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En la primera vuelta de las elecciones presidenciales los colombianos van a poder elegir entre un ramillete diverso e interesante. He aquí un breve recuento de lo bueno, lo malo y lo feo.
Lo bueno: estudioso, preparado y sagaz, Santos, en términos generales, ha gobernado con gente competente. La economía va por buen camino, supo enfrentar el reto de la infraestructura, y mirar al Pacífico es la estrategia acertada. Su búsqueda por la paz merece respeto. Conociéndolo desde hace 50 años, no creo por un segundo que Juan Manuel Santos sea capaz de recibir dineros oscuros.
Lo malo: el ser “monedita de oro” tiene importancia exclusivamente en los reinados de belleza y, como observó Angelino Garzón, no entendió que la primera obligación del primer mandatario es precisamente mandar. Este gobierno no pudo pasar las reformas que con urgencia el país necesita, desperdiciando su abrumadora mayoría en el Congreso, y el manejo de ciertos sectores, vacilante y equívoco, deja mucho que desear.
Lo feo: haciendo abstracción de Chica y Rendón, la alianza con Petro es contra natura.
Lo bueno: a los colombianos se les presenta la oportunidad de elegir un candidato que ha demostrado —en el sector público como ministro de Hacienda y el privado como presidente de Acesco— capacidad, honestidad y liderazgo. Estudioso y estructurado, Zuluaga y su equipo tienen novedosas propuestas en los campos de la seguridad, la salud y la educación.
Lo malo: es imperativo crear un equipo independiente a la imagen y usanza de Óscar Iván Zuluaga.
Lo feo: los hackers y uno que otro fanático.
Lo bueno: frentero, ejecutor, dinámico, a Enrique Peñalosa, como a Barco en su día, no lo manosea nadie. Su visión urbana, en un país de ciudades, es bastante más realista que la de aquellos que para enfrentar los enormes retos del siglo XXI consideran suficiente aportar soluciones para los problemas de los siglos XIX y XX.
Lo malo: dogmático y en ocasiones inflexible, sus relaciones con el Congreso pueden llegar a ser tormentosas y traumáticas.
Lo feo: los anhelos materiales o recreacionales de las mayorías no autorizan a aplastar los derechos adquiridos de las minorías.
Lo bueno: inteligente, preparada, culta y, al contrario de buena parte de sus copartidarios, decente y enemiga de usar armas bajas y calumnias certeras para destruir a sus adversarios, aunque el país de paso se hunda. Su cuna no es un robledal.
Lo malo: Clara carga con un fuerte bagaje ideológico de izquierda. El socialismo es el mayor fabricante de miseria que ha conocido la historia y lo único evidente del socialismo es que ama a los pobres, lo que explica por qué cada vez que asumen el poder, la pobreza se multiplica.
Lo feo: de feo, Clara no tiene nada. Al contrario, como los buenos vinos de Burdeos, entre más pasan los años, mejora.
Lo bueno: luchadora, tenaz, experimentada, Marta Lucía no se amilana ante nada.
Lo malo: juega contra ella el haber estado en tantos equipos. Hoy, candidata de un partido huérfano de ideas y principios, su respaldo institucional es frágil. El otrora glorioso Partido Conservador se asemeja a una colmena en la que, al colocarles al lado un balde de “mermelada”, las pusilánimes abejas abandonan a la reina.
Lo feo: al igual que Clara López, Marta Lucía se asimila a los buenos vinos.