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Sin ánimo de ofender a las cabras, comparto el juicio que de Nicolás Maduro hace Pepe Mujica, aquel expresidente del Uruguay a quien no le cuesta mucho trabajo llamar al pan, pan: y al vino, vino: “Maduro está loco como una cabra”.
En opinión del autor de esta nota, los enormes problemas que atraviesa nuestro vecino no se solucionan con la revocatoria de Maduro porque para salir adelante, más que cambiar a las personas, lo que Venezuela requiere es cambiar de ‘modelo’. Salir de Maduro es necesario, más no es suficiente.
Analistas y columnistas han hecho interesantes análisis de los que ocurre hoy en Venezuela, la economía peor manejada del mundo, según la prestigiosa revista The Economist. El director de Portafolio, Ricardo Ávila, hace una descarnada radiografía: “Resulta increíble constatar que el país que cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo, no tiene cómo alimentar a sus habitantes, ni garantizarles el acceso a la salud o unas mínimas condiciones de seguridad. La caída en los precios del petróleo desembocó en un recorte del 40 por ciento en las importaciones, algo devastador para una nación que trae del exterior más de dos terceras partes de la comida que consume. De la mano de la escasez, viene creciendo una verdadera crisis humanitaria que les pasa la cuenta a los más desvalidos. El caso, como bien dice la expresión coloquial, es de hambre. Debido a ello, las muestras de inconformismo son cada vez más notorias e incluyen saqueos, crimen y nuevas oleadas de protesta”.
Y si bien la crisis de nuestro vecino se ha agravado a causa de la patente incompetencia de Maduro y de sus chapuceros portamaletas, la cruda realidad es que el modelo del “Socialismo del Siglo XXI”, tarde o temprano iba a hacer agua. Ya Margaret Thatcher había advertido que el socialismo fracasa cuando se acaba la plata de los demás. Y la plata del petróleo, no obstante los esfuerzos desesperados de PDVSA para que rinda, se acabó. Lo indispensable es revocar el ‘modelo’ de subsidios, prebendas, auxilios y privilegios cuyo soporte casi de manera exclusiva radica en los ingresos petroleros. (El ‘modelo’ rentista viene desde el siglo pasado, pero fue distorsionado por los chavistas). Lo que desubica al observador es que mientras el 80% de los venezolanos rechaza a Maduro, el 60% quiere continuar con el “modelo”. Es decir, del 80% que rechaza a Maduro, la mitad o un 40% se resiste a aceptar que la crisis es culpa de seguir viviendo de un sistema rentista y asistencialista que ya no tiene más recursos. Así las cosas, de llegar al poder cualquier líder que intente modificar los insostenibles subsidios a la gasolina, a la comida y al la salud, posiblemente termine en la cárcel o en el exilio. Cuando la mayoría de la población de Venezuela rechaza el cambio de ‘modelo’, es inevitable concluir que la luz al final del túnel hoy no se vislumbra.
Apostilla 1: ¿Será que en el Catatumbo no mandan las fuerzas armadas sino las guerrillas, las bandas criminales y los traficantes de drogas? ¿Será que en dicha región opera un corredor con Venezuela auspiciado por la Guardia Nacional de dicho país para el libre tránsito de droga, terroristas y secuestrados? Es inaceptable que esa región de Colombia se haya convertido en una inmensa ‘Calle del Cartucho’ en donde las autoridades no se atreven ni a entrar.
Apostilla 2: No sabe uno que asombra más: o la pusilanimidad de la ‘Gran Prensa’ en llamar retención al secuestro, o aquella del Gobierno en confundir un secuestro con una entrevista.