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MITO: LA CRISIS SUBPRIME EN ESTAdos Unidos no se parece en nada a la crisis hipotecaría en Colombia a finales de la década de los noventa.
Realidad: el papel del Banco Central en ambos países fue protagónico: por un lado la políticas expansivas del Federal Reserve (donde el dinero abundante y barato corría a rodos) contribuyeron a fomentar prácticas crediticias laxas e irresponsables. Por otra parte, además del manejo torpe de las tasas de interés por parte del Banco de la República, las medidas draconianas de la Superintendencia en frenar en seco los créditos fueron un factor decisivo en alargar la crisis durante cuatro largos años. Lo que es casi idéntico es que el precio de la finca raíz en ambos países se desplomó, colocándose por debajo del valor de la hipoteca con la consecuencia de que la mayoría de los deudores abandonaron sus viviendas.
Mito: la crisis en Estados Unidos afectó a la población entera, sin distingos de raza u origen.
Realidad: el 75% de aquellos que obtuvieron hipotecas subprime son negros o latinos. Sólo el 17% son blancos. Parte de la razón de este sesgo racial a favor de los negros y de los latinos fueron las políticas deliberadas de los gobiernos Clinton y Bush de permitirles tener propiedad a un segmento de la población que hace 200 años se había catalogado como “propiedad”.
Mito: las crisis del mercado accionarial no se parecen las unas a las otras.
Realidad: a pesar de que cada crisis tiene características muy peculiares, hay cinco elementos comunes a todas ellas: 1. Desplazamientos importantes en las placas tectónicas de la economía. 2. Euforia racional e irracional. 3. Manías y burbujas. 4. Desconcierto. 5. Pánico y desesperación.
Mito: los bancos no sólo son culpables de la crisis, sino que son culpables de la pobreza.
Realidad: gran parte de los bancos, por ineptitud y codicia, son culpables de la crisis. Sin embargo, la pobreza tiende a ser consecuencia es de la ausencia, no de la presencia de los bancos. En donde reina la usura, prevalece la pobreza; y en donde el ahorro no puede ser canalizado a inversión productiva, nunca habrá riqueza.
Mito: el dólar es una excelente inversión comparado con metales como el oro.
Realidad: en términos de poder adquisitivo, mil dólares de 1957 equivalen a sólo 130 dólares de hoy. Existiendo en 1957 la posibilidad de cambiar esos dólares por oro, las 26,6 onzas que le hubieran comprado, hoy valdrían $26.596 dólares. Moraleja: guardar dólares debajo del colchón o en una caleta es un negocio de insensatos o de narcoterroristas.
Mito: el poder de las grandes empresas en Estados Unidos las hace refractarias ante las crisis.
Realidad: de las 100 más grandes compañías en Estado Unidos en 1919, 29 habían quebrado antes de 1995; 47 desaparecieron, y sólo 19 de ellas se mantienen entre las primeras 100 en 2009. Doce de las primeras cien compañías norteamericanas no existían hace 20 años. La atrición y consolidación en el sector bancario ha sido mucho más pronunciada.
Mito: el calificativo de “tóxico” a parte de los activos de el sistema financiero es correcto.
Realidad: “tóxico” tiene connotaciones de envenenados, pero estos activos lo que están es sobrevaluados. Es decir, muy buena parte de la cartera hipotecaría sólo vale la mitad o la tercera parte del valor por la que aparece en los estados financieros. Hasta que los balances no reflejen la realidad financiera, aumentando el patrimonio para compensar la sobrevaluación de los activos, va a ser imposible salir de la crisis.