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Quien escribe esta columna ha tenido oportunidad de leer el excelente libro del economista de Harvard Edward Glaeser, The triumph of the city (The Penguin Press, 2011), en que el autor destruye una serie de mitos sobre las ciudades. (Igualmente interesante es la entrevista que Ricardo Ávila le hace a Glaeser, entrevista publicada en El Tiempo el pasado domingo 31 de julio).
Entre los mitos están los siguientes:
Mito: La culpa del alto costo de vivienda la tienen los constructores codiciosos, y los especuladores de la tierra urbana que crean escasez artificial para elevar los precios.
Realidad: La culpa de los altos costos de vivienda la tienen principalmente los alcaldes y concejales, que al limitar arbitrariamente el uso del suelo (especialmente en alturas), encarecen el precio de la tierra disponible. Los bogotanos podemos tener la certeza de que al congelar miles de hectáreas en el norte —con la supuesta excusa de que la ciudad requiere un cinturón verde— el costo de la vivienda se va a disparar.
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Mito: La migración de los pobres a las ciudades y los cinturones de miseria que rodean los centros urbanos son una lastimosa demostración del fracaso de la ciudad.
Realidad: La migración a los centros urbanos por el contrario demuestra vitalidad y oportunidades: es el convencimiento por parte del migrante de que la ciudad le brinda mejores posibilidades de obtener empleo, salud, educación y recreación que las que tenía en el lugar de donde emigró, principalmente del campo.
Mientras que los empleos urbanos, principalmente en servicios, son los que mayor potencial de crecer tienen en el futuro, los empleos en el campo (dada las inmensas inversiones que se requieren en tecnología) van a ser cada día más escasos.
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Mito: La mejor inversión que pueden hacer las autoridades para transformar las ciudades es invertir en la infraestructura física de la ciudad.
Realidad: De lejos, la mejor inversión que existe es la educación. Estudios recientes demuestran que con un aumento del 10% en los ciudadanos con educación universitaria, los ingresos de la ciudad aumentan en un 22%. Los ingresos de las personas con grado universitario en Estados Unidos son superiores en un 70% a aquellos que no lo tienen.
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Mito: A medida que se desarrolla la tecnología en comunicaciones, se hace menos necesaria la interacción entre las personas. Las aglomeraciones urbanas están mandadas a recoger.
Realidad: Mientras más progresa la tecnología, más se hace necesaria la interacción humana, no sólo para el intercambio de ideas y conocimiento, sino para el contacto social. La naturaleza del hombre es gregaria y su máximo nivel de productividad se produce en un contexto de participación social. Adicionalmente sólo son los grandes centros urbanos los que pueden proporcionar museos, galerías y lugares para espectáculos culturales, deportivos, y lúdicos que contribuyen al enriquecimiento de el alma, convirtiendo las ciudades en imanes para las personas más calificadas.
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Mito: Para mejorar la movilidad y mitigar la contaminación, es importante restringir al mínimo el uso de los vehículos particulares y prohibir su uso en los cascos urbanos.
Realidad: Lo que genera trancones y contaminación es el uso de los vehículos; y los impuestos y sobretasas no deben gravar la propiedad, sino el uso del automóvil. Si el conductor escoge utilizar el carro los cinco días a la semana, el impuesto al rodamiento debe ser alto. Si acepta usarlo sólo tres días, el impuesto debe ser menor. Si lo usa sólo los fines de semana, el impuesto debe ser mínimo. Con los recaudos de los tributos por el uso se debe financiar el transporte público: limpio, seguro, eficaz y eficiente.