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Moratoria ecuatoriana, ¿exitosa?

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En reciente artículo (Portafolio, nov. 20/14) el profesor Beethoven Herrera (comentando la tesis de uno de sus alumnos, Dimitri Endrizzi) hace una vigorosa defensa de la moratoria ecuatoriana de la deuda externa.

Sobre dicha deuda, el economista y su alumno exponen una letanía de acusaciones, comenzando por tildarla de ilegítima e ilegal, violatoria de la soberanía y culpable de usura y anatocismo. Adicionalmente, acusan a funcionarios ecuatorianos de haber cometido ‘falsedad ideológica’, terminado con el novedoso argumento de que la deuda fue adquirida ‘sin el consentimiento del pueblo’. El autor de esta nota subraya que ‘falsedad ideológica’ es una manta que cobija tanto la trampa de Ecuador, como el asesinato de decenas de millones de individuos. Pregúnteles a Hitler, Mao y Stalin.

Pero haciendo abstracción de los aplausos de don Beethoven y su alumno a los malabarismos jurídicos que Ecuador utilizó para declarar su moratoria, dentro de los cuales sorprendentemente incluye premeditación, posiblemente alevosía, mas no nocturnidad, el hecho es que al contrario de las respetables opiniones de Herrera y Endrizzi, la moratoria ecuatoriana —como la inmensa mayoría de las moratorias— es de singular torpeza.

No es el propósito de este artículo rebatir punto por punto los argumentos del joven Dimitri. Cabe sólo señalar que prácticamente todo crédito internacional, por razones obvias, exige jurisdicción diferente a la del prestamista; y que cuando a los acreedores les toque verificar no sólo la legalidad, sino la legitimidad y potencial ‘falsedad ideológica’, amén de comprobar si las deudas soberanas tienen o no tienen la ‘voluntad del pueblo’, el sistema crediticio internacional deja de funcionar.

Si bien, como lo señala el profesor, el único costo para Ecuador fue el cierre de los mercados financieros voluntarios en el exterior, este costo es gigantesco. (Se pregunta uno si no todos los mercados son voluntarios, ya que nadie obliga a nadie a prestar o pedir plata prestada). Un país al que se le niega la entrada a los mercados financieros se vuelve presa de usureros, o de depredadores de recursos naturales como es China, cuyo interés en prestarle a Ecuador no es por afinidad ideológica con el ‘Socialismo del Siglo XXI’, ni por solidaridad con el pueblo ecuatoriano, ni mucho menos por la simpatía que les inspira Correa: la única razón por la cual la China le presta a Ecuador (y a Venezuela) es porque el pago está atado al petróleo.

El precio que va a terminar pagando Ecuador a China es alto. Cuando el barril estaba cerca de los US$ 116, Ecuador sólo necesitaba 250.000 barriles para servir la deuda. Hoy, cuando el precio del crudo ha bajado a la mitad, Ecuador necesita cerca de 500.000 barriles. En plata blanca, a Ecuador sólo le quedan disponibles 50.000 barriles para poder cumplir con todas sus otras necesidades. Además, China le exige a Ecuador intereses bastante más altos y otras condiciones que, por ser secretas, se desconocen. ¿Es esto lo que el profesor Herrera y su pupilo llaman una moratoria exitosa?

Finalmente, si hay alguna razón por la que Colombia pudo sobrevivir a finales del siglo pasado los momentos más aciagos en su historia es precisamente porque en los ochenta fue el único país en América Latina que honró sus compromisos externos. En España, el partido ‘Podemos’ acaba de recular sobre su intención de declarar moratoria cuando captó la torpeza de su propuesta.

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