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¿Paliar o erradicar la pobreza?

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EN SU RECIENTE VIAJE A ECUADOR Y Bolivia, el papa Francisco ha dedicado buena parte de su tiempo a fustigar al capitalismo como origen de todos los males.

Para conocer el anverso de la moneda, el anticapitalismo, el pontífice debe contemplar la posibilidad de hacer un próximo viaje a Venezuela y a Cuba en donde el ‘intervencionismo salvaje’ de los comunistas y los socialistas multiplicó la pobreza. En Venezuela, el papa Francisco podría observar cómo el país más rico del continente —a pesar de estar atravesando dos décadas de ingresos extraordinarios producto de las exportaciones de petróleo— inexorablemente va en camino a convertirse en uno de los más pobres. El papa podrá ser testigo de cómo el ‘Socialismo del Siglo XXI’ logró prostituir la moneda a un nivel en que el cambio de mercado es cien veces mayor que el cambio oficial. Observando las interminables colas para comprar los productos básicos de la canasta familiar, es posible que Francisco se dé cuenta que Venezuela está al borde de entrar en una hiperinflación imposible de controlar.

En Cuba, si es que los Castro permiten, el papa podrá observar una sociedad totalitaria en donde prácticamente todas las decisiones las toma el Estado. El comunismo, en menos de 70 años, logró convertir una de las sociedades más prósperas del continente en una nación mendicante que sobrevive exclusivamente por el apoyo que en su día le dieron la Unión Soviética, China y Venezuela. Hoy, los cubanos ladinamente pretenden que sean los gringos los que les den la mano.

Puede ser oportuno recordarle al pontífice que un país pobre es aquel en el que las decisiones de qué, dónde, cuándo y cómo producir no las toman ni los productores ni los consumidores, sino los burócratas. Un país pobre es aquel cuyas políticas sociales, políticas y económicas se limitan al asistencialismo; a paliar, más no a eliminar la pobreza. Para el filósofo y periodista del Frankfurter Allgemeine, Reiner Hank, “La perspectiva regional del papa viene también marcada por una ‘Teología de la Liberación’ de marxismo tardío. Con la misma no se contempla liberar a los pobres de su pobreza y enriquecerlos, sino antes bien, encaminarlos hacía ‘una vaga y poco concreta revolución ficticia de la economía, en línea de una sociedad socialista de iguales’.”.

La Iglesia, cuyo socorro a los pobres suele limitarse a las limosnas y a cuidar enfermos y ancianos, ha sido particularmente inepta en lograr que los pobres dejen de ser pobres. Las políticas retrógradas sobre el control de la natalidad de la Iglesia dificultan las orientaciones exitosas para derrotar la miseria. Los 1.200 millones de chinos no se volcaron al capitalismo por un prurito, sino como única forma de salvar a su población de una devastadora hambruna. A partir de la ‘Revolución Industrial’ el capitalismo ha sacado a centenares de millones de personas de la miseria y de la pobreza. En el anverso de la moneda, el socialismo ha hecho todo lo contrario: ha sumido a centenares de millones de personas en la más abyecta de las miserias. Mientras que la Iglesia en cabeza de Francisco sólo ofrezca vagas promesas de reformar la sociedad por medio un socialismo difuso, en los países católicos se seguirá paliando, mas no erradicando, la pobreza.

Apostilla: Impertinente Evo Morales regalarle al papa un crucifijo con la hoz y el martillo. Miles de católicos murieron o fueron perseguidos por el comunismo, ‘religión’ atea y materialista. ¡Error el del papa no haberlo rechazado!

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