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LOS CONTRIBUYENTES ESTADOUnidenses están indignados con el que los recursos que el Gobierno Federal está aportando para el salvamento y capitalización de los grandes bancos (evitando de esta forma su eminente bancarrota) se utilicen parcialmente para pagarles desproporcionados salarios, bonificaciones e incentivos a los ejecutivos.
En parte los contribuyentes tienen razón ya que las remuneraciones no estaban guardando ninguna proporción con los resultados. Sin embargo, el ponerle techo a estos estipendios es un error: si Wall Street pretende que los profesionales más brillantes se unan a sus filas, necesariamente tiene que pagar salarios competitivos. No se puede jamás olvidar la máxima empresarial: “Si pagas cacahuetes, sólo consigues chimpancés”.
Otra cosa es pagarles a los ejecutivos con su propio cocinado. Ya que estos profesionales demostraron una creatividad extraordinaria en empacar basura hipotecaria y venderla con más que atractivos nombres como “Fondo estratégico de crédito estructurado de alta gama” y “Fondo de apalancamiento de hipotecas de rendimientos superiores”, no hay ninguna razón para que buena parte del salario y la totalidad de los bonos e incentivos se les pague a estos estafadores virtuosos en exactamente el mismo guiso que le embutieron al público incauto.
A los otros que se les debe pagar con instrumentos provenientes de su misma tramoya es a los ejecutivos de las agencias calificadoras de riesgo. Por omisión o rapacidad, muchas de estas agencias se prestaron a darle calificaciones aceptables —y en algunos casos extraordinarias— a papeles emitidos por los bancos de inversión cuyo contenido de activos podridos permitía oler su putrefacción a kilómetros de distancia. A los ejecutivos de estas firmas, igualmente, se les debería pagar en los mismos papeles que con falta de criterio o manifiesta deshonestidad calificaron positivamente para facilitar su venta a los inversionistas.
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No debe ni puede haber limitaciones a la libertad de expresión. Sin embargo, la prensa debe ejercer cierto tipo de autocensura para evitar herir de manera grave y gratuita a las personas. En reciente ejemplar, este diario encabezaba un artículo con la siguiente oración: “Un grupo de intelectuales encabezados por Piedad Córdoba…”. Creo que el sarcasmo y la ironía tienen límites y que la sátira pública a la distinguida y elegante chocoana —por parte de este periódico— desborda los limites de la caridad y de la libertad de expresión.
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Es tal la incompetencia con que Néstor Kirchner está manejando la economía argentina a través de la inefable Cristina Fernández —vocera de la empresa familiar que hoy regenta los hilos del poder del país austral— que posiblemente les hubiera podido resultar mejor a los sufridos ahorradores argentinos el que se hubiera nombrado a Diego Maradona Ministro de Hacienda en vez de Director Técnico de la Selección. Si lo que pretenden los Kirchner y sus áulicos con la nacionalización de los Fondos de Pensiones (donde se piensan apropiar de 4.000 millones de dólares para robustecer las arcas estatales antes de las elecciones legislativas en el 2009) es agarrar a patadas las alcancías de sus pobres ciudadanos, por lo menos que permitan que lo haga Maradona, un verdadero profesional del balompié.
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Aquella momia viviente, Fidel Castro, sostiene en su columna del diario Granma, entre otras, que McCain es: “Un viejo belicoso… y sin salud”. Para Castro no parece existir paralelos entre el candidato estadounidense y él mismo. Sin duda el sátrapa cubano se debe considerar a sí mismo como un joven pacífico con mucha salud.