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Por ahí no es, señor ministro…

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A raíz de una poco afortunada entrevista en El Tiempo (feb. 7/16), el ministro de Agricultura se ganó merecidas vaciadas. “Decir que la inflación es responsabilidad de las cadenas de supermercados es un despropósito. Así arrancó Chávez”, afirmaba Gabriel Silva en el mismo diario.

Guillermo Botero, presidente de Fenalco, calificó al ministro de “total y absolutamente desmesurado…En el tema de la papa, durante los últimos 12 meses las mediciones del DANE indican que el índice de precios al productor ha tenido un incremento del 44,3 por ciento, mientras que el índice de precios al consumidor ha sido del 30,27…Le ha subido más el precio al productor que al consumidor…el comercio está haciendo un esfuerzo para no trasladarle estos precios a los consumidores”, recalcó Botero. Por otra parte, el empresario del Grupo Olímpica Fuad Char, comentando las afirmaciones del ministro que un kilo de carne vale 4.000 pesos en la finca y 16.000 o más en el supermercado, afirmó: “El ministro no tiene ni idea de cómo se desarrolla el precio…Con la carne, usted compra un novillo de 500 kilos, a 4.000 pesos el kilo. Cuando lo sacrifica, los 500 se convierten en 250 kilos de carne, y de esos el 60 por ciento es carne y el resto, costillas y huesos, de tal suerte que nosotros vendemos la carne de primera a 12.000 pesos el kilo; la costilla, a 6.000 (…). Eso, en promedio, vendemos ese animal en 9.800 pesos el kilo”.

El alto precio de los alimentos tiene mucho más que ver con la devaluación y las sequías que con una supuesta componenda de los supermercados para subir los precios. En un país que importa más de diez millones de toneladas de comida, y en donde un grupo vociferante de ‘funcionarios estrella’ claman es por menos aranceles y más importaciones, es absolutamente obvio que mayores importaciones van es a agrandar el déficit comercial. Y a más déficit, más devaluación…y a más devaluación, mayor será el precio final de los alimentos. Es así de sencillo, amigo lector.

Posiblemente el ministro no tuvo oportunidad de leer el artículo de fondo de la revista Dinero (feb. 5/16). Dicha publicación señala cómo un nuevo tipo de tiendas, que vende a precios muy bajos y está generando cambios en los hábitos de consumo, ya supera el billón de pesos de ingresos. Para un analista, el potencial de estas cadenas de gran formato es enorme: “Su crecimiento está fundamentado en dos principios: cercanía y precio; es decir, conveniencia. No tiene un buen servicio al cliente ni variedad de productos, tiene lo que tiene y lo vende más barato que los demás, y con eso ya ha copado buena parte del mercado. Aún se pueden expandir más en las ciudades, y eso les da espacio inclusive para multiplicarse por diez en los próximos años.”

O sea que si los supermercados están abusando de los precios, es el mismo mercado el que los puede volver obsoletos. Para el autor de esta nota, donde el ministro se equivoca es en pedir la intervención de la Superintendencia de Industria y Comercio. Se equivoca porque aún en el poco probable supuesto de que haya un problema económico, la solución no es burocrática y punitiva. La SIC puede no hacer nada; o con dudoso material probatorio puede llegar a decir que hay un ‘Cartel de Supermercados’ y proceder a imponer multas confiscatorias. Es posible igualmente que diga todo lo contrario. Pero ni las amenazas de Maduro, ni el dedo acusador o absolvedor de un energúmeno o benévolo burócrata local, jamás han solucionado problemas económicos.

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