Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Vino a Colombia el señor Thomas Piketty y dejó estupefactos a todos aquellos que lo escucharon.
El francés en esencia lo que argumenta, basado en un importante acervo estadístico, es que el capital en las últimas décadas ha tenido rentabilidades mayores que el trabajo. La conclusión lógica es que al haberse enriquecido los dueños del capital a una tasa superior a de los asalariados, la desigualdad ha aumentado.
Piketty, al revés de lo que piensan muchos, no arguye que la manera más eficaz de reducir la desigualdad son los impuestos. El argumento central de Piketty es que la mejor manera de reducir la desigualdad es la educación, que por principio debe ser universal y gratuita. Como corolario de su argumento para financiar la educación se deben gravar los altos ingresos y los patrimonios.
Pero a Piketty, como lo demuestra con claridad Miguel Gómez Martínez en su reciente artículo (Portafolio, Feb. 3/16), se le olvidó que los altos impuestos en esencia desincentivan la inversión y llevaron al mundo a la estanflación, una nefasta combinación de bajo crecimiento y aumento de precios. Para Gómez Martínez, “el desbordamiento del gasto público, producto de los excesos del keynesianismo imperante, exigieron duros remedios monetaristas para restablecer el control de la inflación desbordada que golpeaba sobre todo a los más pobres. Si Piketty cree que para disminuir la igualdad lo importante es la educación de calidad, subir los impuestos de forma exagerada traerá como consecuencia una menor dinámica de crecimiento que no favorecerá la disminución de la desigualdad. También hay suficiente evidencia estadística de que el crecimiento económico continuo y acelerado disminuye la pobreza. Sectores enteros de nuestra economía no son hoy rentables por la aberrante carga fiscal impuesta en los últimos años”.
Como era de esperarse, el alto Gobierno y los grandes rectores de la economía colombiana están entusiasmados con las tesis fiscalistas de Piketty y lo aplauden a rabiar. La razón no es, como lo recomienda el francés, para disponer de recursos adicionales para ser invertidos en educación con la finalidad de disminuir la desigualdad. La razón del aplauso, un poco más rústica, es para disimular los estragos fiscales que la ‘mermelada’ ha causado en el presupuesto.
El señor Piketty igualmente afirma que los países con menor desigualdad crecen más rápido. Me hubiera gustado preguntarle al francés: ¿por qué la China y la India, dos de los países más desiguales del mundo, simultáneamente son los que tienen las tasas más altas de crecimiento?
Apostilla: el 6 de diciembre del año pasado, en esta columna, afirmábamos: “Maduro y sus secuaces van a consolidar la satrapía totalitaria, cuyo afán colectivista es más que evidente. No albergamos la menor duda que los capitanes de la escasa industria independiente que queda, como Lorenzo Mendoza de Polar, en breve serán colocados en las mazmorras del régimen”. El pasado jueves, Maduro públicamente advirtió: “Dejo en manos del gabinete económico qué hacer con la guerra anunciada y declarada por Lorenzo Mendoza en este momento de dificultades, espero recomendaciones contundentes”. En el delirio del sátrapa y sus correveidiles de culpar al sector privado de los errores producto de su propia e infinita incompetencia, ¿alguien pone en duda que la expropiación del “Grupo Polar” y la detención de sus directivos es cuestión de meses?