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LOS ALGO CURSIS ESCRITOS DE Rousseau siguen arrancando suspiros recordando una era bucólica en que las almas generosas comulgaban con la naturaleza.
Decía Voltaire que después de leer a Rousseau a uno le daban ganas de volver a caminar en cuatro patas. Pero la realidad es otra: el mundo, y en especial el Asia, se urbaniza a pasos agigantados; y sólo una minoría de la población se concentrará en el sector rural. En Estados Unidos el dos por ciento de los habitantes permanece en el campo, produciendo la comida para sus 310 millones de compatriotas y contribuyendo parcialmente a nutrir la mitad de la humanidad.
A principios del siglo XX la población urbana a nivel mundial no llegaba al 20% y hace 20 años, según la prestigiosa firma de consultoría McKinsey, era dos mil millones de personas. Hoy es el 50% y algunos demógrafos estiman que para 2030 será el 70%. De los 6.400 millones de habitantes, 3.200 millones son citadinos y en 2030 serán 4.700 millones. El proceso de urbanización global es y va a seguir siendo tan rápido cómo inexorable y el principal problema que va a seguir enfrentando la humanidad es cómo lograr generar en los centros urbanos trabajos dignos y bien remunerados que les permitan a los citadinos vivir en condiciones —física y espiritualmente— cada día más enriquecedoras.
En 2025, el 70% de los chinos y el 46% de los indios vivirá en ciudades. Hoy la China tiene 221 ciudades con más de un millón de habitantes y en 2030 va a tener 400 ciudades con más de un millón de habitantes, de las cuales 44 serán megaurbes de más de cuatro millones, siendo la inmensa mayoría de estos nuevos citadinos inmigrantes de las zonas rurales. El proceso de urbanización a nivel mundial va a ser un enorme desafío en todos los campos, pero especialmente en cuanto a los requerimientos de espacio físico, de energía, y de los niveles de basura y contaminación que van a generar. La China va a requerir 40.000 millones de metros cuadrados de construcción (el equivalente a 10 ciudades del tamaño de Nueva York) para darles techo a sus nuevos citadinos.
No es el propósito de este breve artículo profundizar sobre las causas de la migración del campo a la ciudad. Pero claramente hay dos aspectos a destacar: el primero es el que los enormes avances tecnológicos en la agricultura han hecho redundantes miles de millones de empleos que en siglos pasados eran indispensables en el campo. El segundo factor es que el ser humano es gregario por antonomasia. A los humanos nos gusta estar entre otros humanos, no sólo para socializar, sino en busca de pareja, novedad, cultura, salud y recreación. Por más que tengamos una idea romántica sobre la vida rural, es muy difícil que el campo le dé a una persona las infinitas posibilidades que le debe y le puede brindar la urbe a todo citadino.
Hacer una aproximación del fenómeno de urbanización chino y lo que ocurre en Colombia no es realista (China es un país bastante más extenso, con una población 30 veces más grande), porque su economía es bastante más dinámica que la nuestra (creciendo cerca del 10% anual) y el porcentaje de citadinos en Colombia es bastante mayor que en China. Pero de la misma forma que la inmensa preocupación para los chinos es la rápida e inexorable urbanización de su población, para Colombia el problema urbano es el mayor desafío económico, político, social y ecológico que enfrentamos. Corriendo el riesgo de que me lluevan rayos y truenos, considero que aquellos que afirman que la solución a nuestros grandes problemas radica en la relocalización y redistribución de la tierra rural (un problema adjetivo) sencillamente no saben de qué están hablando. El problema sustantivo de Colombia no es el campo: es que las urbes generen empleo y no se conviertan en infiernos para los citadinos.