Tres rufianes en un “ring”

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Como si la situación de la pandemia no fuera suficientemente grave, a raíz de la caída brutal de los precios de dos principales productos de exportación, petróleo y carbón, el país va a enfrentar por meses, y aun años, un delicado panorama económico. Para entender el desplome del petróleo por medio de una metáfora, haga de cuenta el lector que al ring se han subido el equivalente a los tres principales boxeadores de la historia reciente. Uno de ellos es el príncipe Mohammed bin Salman, heredero al trono saudita; otro es Vladimir Putin, emperador de facto de Rusia, ambos tan rufianes como pendencieros. Pero en este ring hay un tercer personaje al borde de meterse: Donald Trump, más como púgil que de árbitro, y en los últimos tres años ha demostrado que no hay nada que le guste más en la vida que una buena pelea. El presidente de EE. UU. y en menor grado Bin Salman y Putin, al contrario de lo que recomiendan los abogados sensatos, prefieren por mucho una mala pelea que un buen arreglo. Si fuera una riña callejera, la posibilidad de que cualquiera de los tres rufianes envainara la navaja sería remota.

¿Y qué llevó a esos dos y posiblemente tres pendencieros a embarcarse en una pelea desgastadora en donde no solo los tres van a perder, sino que van a dejar un reguero de sangre por fuera del ring? Media docena de países, incluyendo México, Venezuela y Ecuador, no aguantan precios del petróleo de US$20. Colombia hará gárgaras. El diario El País, de España, resume lo que está pasando: “La guerra del petróleo que libran Rusia y Arabia Saudí esconde, además de una lucha a brazo partido por arañarse cuota de mercado entre sí, un intento por sacudirse la presión del fracking estadounidense. Y pone en riesgo la estabilidad de una economía mundial en horas bajas”. En opinión del autor de esta nota, el único rufián que tiene una estrategia definida es el príncipe saudita. Conscientes de que la demanda del petróleo, aun antes de la pandemia, este año empezó a declinar en un 10 % y de que en 20 años el petróleo va a valer muy poco o nada, los sauditas (de acuerdo con Bloomberg Businessweek) han decidido embarcarse en una estrategia y con enormes riesgos: “monetizar” sus enormes reservas capturando mercados al precio que sea y vender activos a la velocidad que el mercado lo permita. Los sauditas, a diferencia de los estadounidenses (y en menor grado los rusos), como alternativa solo vislumbran reensillar los camellos. Trump entrará al ring cuando la sangre de los frackers empiece a correr por las sábanas del Midwest o cuando su reelección se vea amenazada. Leer a los rusos es más complejo: personalmente creo que están “cañando” cuando dicen que aguantan, pero Rusia, como alguna vez dijo Churchill, “es acertijo envuelto en un misterio”.

¿Y qué podemos hacer los colombianos, que tan miopemente nos dejamos arrinconar? A corto plazo, muy poco: enderezar políticas estúpidas como exportar flores y café para comprar productos suntuarios o que podemos producir localmente; cambiar las políticas de fomento agropecuario, para dejar de importar decenas de millones de toneladas de comida; cambiar de manera radical la política de biocombustibles. En últimas, los técnicos de los ministerios muy seguramente propondrán es una cadena de oración. A mediano plazo podemos hacer mucho, lo que será tema de los próximos artículos. Pero para lograr cambiar el chip energético necesitamos ser proactivos y no reactivos, como lo hemos sido durante décadas.

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