Una herencia tóxica e irrenunciable

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En el artículo del domingo pasado señalábamos el aumento en los últimos cuatro años del consumo de drogas ilícitas en Colombia. El mito nacional que la producción de cocaína y heroína era exclusivamente para exportación es exactamente eso: un mito. El Eln, las disidencias de las Farc, y los carteles mexicanos, quienes han fomentado y financiado la sobreproducción actual de narcóticos, están inundando con droga nuestros colegios y universidades.

Según la revista Semana (junio 17/18) la siembra de cultivos ilícitos está disparada. Dado que hay cifras objetivas que sitúan las siembras por encima de las 220.000 has., al Gobierno le tocó aceptar a regañadientes que dichos cultivos han aumentado a 180.000 has. Un destacado analista, Daniel Rico, afirma que la cifra verdadera es 300.000 has. Colombia, responsable del 90 por ciento de la cocaína que entra a Estados Unidos y Europa, se ha convertido de nuevo en el mayor productor en el mundo de este narcótico.

¿A qué se debe ese aumento en áreas que nos va a causar dolorosas disyuntivas, entre ellas el hacer de lado urgentes inversiones en programas sociales por tener que financiar la erradicación de estos cultivos? Para el autor de esta nota, la causa principal de este aumento se debe a políticas torpemente diseñadas y peor ejecutadas. En aras de encontrar una solución estructural al problema de la droga, se implementaron incentivos perversos que se han convertido en la gasolina de un violento post conflicto. El Gobierno, con una inocencia rayana en la demencia, afirmaba: “Fumigábamos los cultivos y al día siguiente los campesinos volvían a sembrarlos, porque no tenían alternativa. Ahora, por primera vez, van a tener una alternativa porque el Estado va a ofrecerles la compra de sus productos y la posibilidad de cultivar productos alternativos.” La verdad es diferente: la eliminación forzosa de los cultivos, desde la implementación del ‘Plan Colombia’ durante el gobierno de Andrés Pastrana, había tenido notable éxito. Es más, hasta el inicio formal de las conversaciones en La Habana, el área en cocaína estaba por debajo de 48.000 has.

Hace unas semanas el Gobierno, en España, contradiciendo la tesis que la decisión de subvencionar la sustitución de la coca había creado un incentivo a su cultivo, afirmó: “Pero hemos fijado una fecha a partir de la cual no se pagarán más subsidios. Nuestra política tiene dos componentes. La sustitución voluntaria, que está funcionando: más de 120.000 familias ya se han comprometido a sustituir su producción de coca por cultivos lícitos. Y la erradicación forzosa, que ha superado ya nuestro objetivo: más de 65.000 hectáreas. Muy pronto, por primera vez, podremos mantener una reducción permanente en la producción de cocaína. Y, por primera vez, ojalá suceda, no seremos los primeros exportadores de coca al mercado mundial…Los volúmenes netos que salen de Colombia han disminuido. Es un hecho: estamos incautando más cocaína y, por tanto, el efecto neto no es ya necesariamente un aumento del suministro a los mercados mundiales.”

Me temo que las afirmaciones del Gobierno corresponden al deseo y no a la realidad. La explosión en el área de los cultivos ilícitos (a diferencia de la mayoría de las herencias que sí se pueden rechazar) es un legado irrenunciable. Ser el primer productor de cocaína del mundo, tristemente, es la herencia tóxica que le deja este gobierno a Iván Duque y a los colombianos.

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