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Trump, nada que perder

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El segundo debate llegó con una certeza para Donald Trump: el rompimiento frontal con el Partido Republicano, o al menos con líderes tan importantes como Condoleezza Rice, ex consejera nacional de Seguridad; John McCain, Mitt Romney, excandidatos a la Presidencia, o Arnold Schwarzenegger, exgobernador de California. Esto hace pensar que, faltando 30 días para la elección, aparecen republicanos que se pronuncian sobre la necesidad de concentrar los esfuerzos por mantener su poder en el legislativo, pues se da por descontada una victoria de Hillary Clinton. Al final, Trump abordó mucho mejor la pregunta acerca de una cualidad de su rival, pues sin asomo de titubeo destacó su perseverancia. Se trató de una de las pocas ventajas que obtuvo.

No sorprendió que desde el inicio saliera a relucir la grabación de 2005 en la que Trump hace comentarios sexistas y que permiten presumir su involucramiento en conductas de acoso sexual. La respuesta fue evasiva, tratando de resguardarse en sus frases más emblemáticas de campaña. Esto lo combinó con descalificaciones constantes a la candidata demócrata. Repitió la consigna de que Clinton era incapaz de comprometerse en impuestos, salud o seguridad, pues en 30 años de carrera había conseguido poco. A algunos estadounidenses que ven en la figura de los funcionarios públicos personas incapaces de entender sus problemas cotidianos, les puede resultar atractivo el mensaje.

Los ataques del magnate fueron más allá, sacando a relucir el uso de su correo personal, la supuesta campaña sucia contra Bernie Sanders e, incluso, reviviendo la acusación de que la candidata sería responsable de la iniciativa de acusar a Barack Obama como impedido por haber nacido fuera de EE. UU., en las elecciones primarias de 2008.

En el tema de Siria ambos atacaron a Rusia, mostrando que Vladimir Putin sigue siendo redituable en términos electorales, aunque ninguno tenga evidencia sustentable para sus afirmaciones. Se trata de uno de los campos más complejos en la política de los EE.UU y el reto es de tal complejidad que sobrepasa la polarización que encarna cada una de estas figuras.

Los lugares comunes a los que alude Trump, y que le permitieron un crecimiento vertiginoso, se empiezan a agotar. Se puede ver en las debilidades respecto de su inocultable islamofobia. En la medida en que Martha Raddatz le exigió responder sin mayores distracciones, quedó en evidencia su idea de “prohibir la integración de musulmanes”. En contraste, se constata que uno de los puntos más débiles de Clinton tiene que ver con los correos que borró de su cuenta personal como secretaria de Estado. Se ve una candidata con dificultades para explicar y que titubea, a diferencia del resto de temas, donde hace prueba de una serenidad que difiere del afán del republicano por atacar a cualquier costa. Así, Trump se acerca cada vez más a la estrategia de quien nada tiene que perder y todo por ganar.

Profesor U. del Rosario

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